El coronavirus ya llegó a la Casa Blanca. El desempleo está a niveles que no se habían visto desde la Gran Depresión de los años de 1930 y el saldo de muertes por la enfermedad asciende a 80.000, mucho más de lo que estimó el presidente Donald Trump.

Y aunque se quiera evitar, los costos de la crisis sobre las elecciones de noviembre pueden ser muy altos, no solo para los republicanos, sino también para los demócratas.

Lo cierto es que de ambos lados del ring se están sufriendo golpes. Por su parte, Trump lucha con la reactivación de la economía norteamericana para paliar la crisis, a pesar de las objeciones de los especialistas en salud, que temen un segundo brote del virus aún peor y devastador.

Biden tiene sus propios desafíos, como luchar en contra de las denuncias por acoso sexual que fueron presentadas en su contra, pero la realidad es una sola en todo el mundo: ningún presidente se ha tenido que enfrentar a una crisis mundial de la magnitud de la que estamos viviendo, mucho menos en medio de una campaña electoral, donde cualquier paso en falso puede significar la pérdida de miles de votos.

Mientras tanto, el presidente hace todos los esfuerzos por impulsar a la economía incentivando la apertura de los comercios y enfocándose en ayudar al desarrollo de una vacuna contra el COVID- 19.

En este sentido, Trump anunció el viernes una nueva asociación público-privada para desarrollar una vacuna contra el nuevo coronavirus como parte de lo que se llama “Operación Warp Speed”, y dijo que espera que se produzca “rápidamente” y posiblemente esté lista para fines de este año.

Este desarrollo será dirigido por Moncef Slaoui, ex jefe de la división de vacunas de GlaxoSmithKline, y el general del ejército Gustave Perna. Slaoui supervisará el desarrollo de la vacuna, mientras que Serna se desempeñará como el jefe de operaciones que supervisa la logística.

“El gobierno federal está brindando apoyo y recursos sin precedentes para acelerar los juicios de manera segura, avanzando a una velocidad récord, récord y récord”, afirmó Trump.

“Nos estamos preparando para que cuando tengamos la buena noticia de que tenemos la vacuna, estemos listos para comenzar”, agregó, aunque reconoció que el plan era “riesgoso” y “caro”, pero que todo tendrá sus beneficios en el largo plazo, ya que salvaría millones de vidas y recursos.

Diferentes laboratorios e institutos en Estados Unidos están desarrollando sus propias vacunas, y la Operación Warp Speed busca apoyar a todos estos esfuerzos por separado a la espera de que uno, o varios, demuestren ser efectivos. También en el mundo numerosos países llevan adelante sus propias investigaciones de vacunas.

En sintonía con el desarrollo de la vacuna, Trump volvió a insistir en la necesidad de levantar la cuarentena, para mitigar los efectos económicos adversos de la pandemia, que ya dejó un saldo realmente preocupante de desempleados y empresas que se han visto forzadas a cerrar.

En base a esto, aseguró que prácticamente todos los estados de Estados Unidos estaban tomando medidas para reabrir sus economías y destacó que el “pilar esencial” del levantamiento de la cuarentena era “el desarrollo de tratamientos y vacunas lo antes posible”.

El presidente norteamericano tendrá muchos defectos, varios de ellos poco aceptables en un mandatario de su importancia a nivel mundial, pero lo que queda en claro es que está haciendo todo lo que debe para encontrar la cura lo antes posible y así recuperar a un país que hoy sufre como nunca.

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