Hay ciertas habilidades que un líder debe tener, sobre todo a la hora de gobernar un país como los Estados Unidos. Entre ellas se encuentra capacidad de persuasión, que es la habilidad de que, más allá de los discursos formales, ser elocuentes aún en momentos imprevistos y no planificados. Esto hará que logren más apoyo tanto de la opinión pública como de los sectores cruciales para gobernar.

El presidente Donald Trump demostró en el último tiempo que sus habilidades como líder de la potencia mundial lo hace capaz para tomar ciertas decisiones, sobre todo económicas, y que sientan las bases para lograr un nuevo orden mundial post pandemia, en el que el diálogo y el vínculo con el resto del mundo sea fluido y cooperativo.

En parte de eso se trata el nuevo esquema que Trump plantea para el G7, el encuentro que se da entre el grupo de países del mundo cuyo peso político, económico y militar es considerado relevante a escala global.

Y sobre lo que Trump quiere tratar es sobre este nuevo orden mundial, que lejos está de los esquemas tradicionales de asistencia extranjera. Su objetivo será que todos los países (sobre todo los que conforman al Grupo de los 7) trabajen en torno a los esfuerzos que busquen invertir, consolidar vínculos y poner en marcha metodologías comunes que puedan volver a poner en marcha a las economías, todas ellas fuertemente golpeadas por la pandemia.

Este año, el presidente había hecho la invitación para celebrar el encuentro en su país luego de las elecciones presidenciales que se darán en noviembre, pero agregando una invitación que generó polémica entre los países asistentes.

El mandatario consideró la idea de sumar a Rusia. Sin embargo, la UE ya se manifestó contra lo que considera una especie de golpe de Estado: “Rusia está excluida”, afirmó el jefe diplomático Josep Borrell, hasta que cambie de rumbo.
La anexión de Crimea dio motivos en 2014 para excluir a Putin del G8 en ese momento, así resurgió el G7.

Pero a pesar de que las intenciones del presidente son buenas, y enfocadas en mejorar las relaciones de los países más fuertes del mundo, ésta movida impuestas por el resto de los paises del G7 no pareciera ser muy acertada.

Sobre todo porque ni China ni Rusia comparten el compromiso norteamericano de hacer florecer a los mercados libres, ni comparten la idea de que existan democracias genuinas en el Hemisferio Occidental, Europa o Asia. Sino, por el contrario, abunda el totalitarismo y el control.

El G7 tiene sobre la mesa un nuevo desafío, sobre todo en el contexto de incertidumbre actual: forjar lazos estrechos que den mayor poder al mundo libre y democrático, no solo para que todos podamos sobreponernos de este duro golpe, sino para lograr países más fuertes y mejores consolidados.
Todo esto teniendo en cuenta que la pandemia del coronavirus será uno de los tantos desafíos con los que vamos a enfrentarnos de acá en adelante.

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