Trump
Desde mi Atalaya – José Bejarano

Pasan generaciones y generaciones antes de que en la historia surjan individuos del calibre de Donald Trump. Cualquiera que sea su opinión política, su ideología o su forma de ver la vida o quizás su atracción o in aversión ante lo que representa Trump, lo que está totalmente todo el mundo consciente es de que, como político, no pasa desapercibido. Atrae partidarios y detractores por millones. Altera los panoramas políticos, no ya con su presencia si no con sus mensajes, con sus palabras, comentarios y gestos.

Qué duda cabe que estamos ante un hombre que si hubiera nacido en la Roma Imperial de los Césares su figura hubiere sido elevada al nivel de los semidioses. Su mensaje es claro, directo y apela a los millones y millones de americanos, bien como producto de su nacimiento como a los que con el tiempo decidieron, al tener oportunidad para ello, naturalizarse y convertirse en ciudadanos con plenos derechos y responsabilidades.

Podríamos preguntarnos ¿Quién es Trump?

Sinceramente creemos que ni él mismo sabe quién es. Si lo miramos desde un prisma lo más objetivo posible veremos que no nos encontramos con un solo Trump, si no con muchos.

Si zodiacalmente se consideran a los geminianos con dobles personalidades, con respecto a Donald Trump su mesianismo lo eleva al cubo pudiendo diferenciar dentro de él a muchas personalidades interpuestas entre sí.

Cuando la inmensa mayoría ven a Trump como un hombre duro, nosotros vemos otra de sus muchas facetas, que quizá pasa desapercibida para la mayoría de los llamados intelectuales, pero que sin embargo, resuena con gran fuerza y vehemencia entre una gran parte del pueblo norteamericano.

Nosotros podemos entender que desde un primer comienzo de su vida tuvo que enfrentarse con un padre emprendedor y exigente, bastante exitoso en sus empresas y que exige de sus hijos tanto o mas que se exige a sí mismo.

Aunque no somos psicólogos, ni pretendemos serlo, solo como personas acostumbradas a la observación podemos distinguir entre sus muchas facetas de personalidad y la que mas férreamente el presidente Trump trata de ocultar, un sentimentalismo que hace que, para ocultarlo y protegerlo, se escude en la rudeza y en las palabras malsonantes.

Cuando la mayor parte de los seres humanos trata en todo momento de congraciarse con sus semejantes, Trump, casi durante toda su vida ha ido buscando y perfeccionando el “arte” de crearse enemigos.

Muchas personas no realizan que la valía de una persona no se mide por el tipo de amigos con los que cuenta, sino con la de sus enemigos.

Trump ha hecho un Arte de crearse enemigos. ¿Lo ha hecho inconscientemente? No, en absoluto, sus acciones, palabras y hechos son tremendamente calculados. Sus palabras y sus menciones, las cuales a veces parecen ser producto de ingenuidad política en realidad son obra de un Maestro del conocimiento de las personas y de sus reacciones.

Su oratoria, sus gesticulaciones, y salidas de tono, todo tienen su por que y su razón para el.

Cuando anunció a mediados del 2015 su intención de presentarse a las elecciones presidenciales del 2016, con un panorama tan variado como completo de aspirantes republicanos de gran talla y experiencia tanto como congresistas o senadores o como participantes directos en la política republicana de los últimos años, nadie daba a Trump por la persona que, posteriormente representaría al partido republicano en la presidenciales.

Tachado como bufón y payaso por amplios sectores de los medios de comunicación, propiedad de grandes multinacionales y que por años, y al presente, indican como debe de enfocarse el pensamiento político de los norteamericanos. Nadie lo daba ganador de las primarias republicanas y por consiguiente, mucho menos de las generales.

Su estrategia fue clara para el observador que le pusiera atención, ganarse el favor de los muchos norteamericanos que, habían podido contemplar que las políticas desarrolladas por las distintas administraciones, tanto republicanas como demócratas, solo habían servido para socavar la economía y convertir a EEUU de un gigante productor/consumidor a uno simplemente consumidor, arrebatando millones de puestos de trabajo de distintas industrias y llevando esas posiciones laborales, para beneficio no de las arcas nacionales, si no de las multinacionales.

Trump podrá ser lo que cada uno crea que es, pero lo que está fundamentalmente claro es que es un patriota, un hombre que antepone los intereses de su país a sus propios intereses.

Ningún presidente, ni republicano ni demócrata se ha visto envuelto en tristísimos y numerosos ataques como los sufridos por Donald Trump, ni siquiera Abraham Lincoln en su comienzos presidenciales antes del estallido de la guerra civil.

Es incomprensible, si lo miramos bajo un punto de mira personal, el entender como un hombre que nunca se había postulado a ningún puesto político pasa de ser un ciudadano a ser presidente de los Estados Unidos.

En estos momentos, cuando todo pudiere apuntar al ocaso de Trump. Estamos seguros de que la Era Trump no acaba sino de empezar.

Librado de la carga y de los responsabilidades que representa ser presidente, tendremos a un Trump que si seria peligroso para los globalistas y progresistas, mas lo será cuando cuente con el apoyo de millones y millones de conciudadanos y pueda pedirles que voten a favor o en contra de candidatos que, de acuerdo con sus propias ideas, pudiesen estar en contra de los intereses de los Estados Unidos.

Demócratas y globalistas siguen sin conocer y mucho menos entender, a Trump. Unos y otros están actuando exactamente como Trump esperaba que actuasen.

Para muestra un ejemplo, de lo que piensan no solo los norteamericanos de las grandes empresas como Facebook y Twitter cuando tienen tanto poder, superior al de los propios estados que se suponen que los fiscalicen y supervisen, cuando son capaces de amordazar y suprimir las opiniones políticas del presidente de los Estados Unidos?

Han cometido tan garrafal error dichos emporios. que en meses venideros, si no ya en estos momentos, se estarán dando cuenta del tremendo suicidio que cometieron al convertir a Donald Trump en víctima de su poder mediático.

Prácticamente cada ciudadano del mundo, no le importa de la ideología que fuere, se identificó con el hecho del control, de Facebook y Twitter sobre todos y cada uno de los mortales.

En ese aspecto, TODOS SOMOS Trump

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