TrumpDesde mi Atalaya – José Bejarano
División y unidad. Derecha e izquierda. Globalismo y nacionalismo. Principios “tradicionales” y principios…”nuevos”. Guerra y paz, ser o no ser. Como un nuevo Iluminado, como un profeta que divide aguas, que parte la historia en un antes y un después, Trump abandona el escenario principal del poder en el mundo, sin dejar a nadie indiferente. Pero…¿lo va a abandonar?

Si hay algo en lo que partidarios y detractores estarán de acuerdo sobre él, es que muchas verdades quedaron al descubierto con su presencia en el pináculo. Para algunos será incómodo, quedará al descubierto, y para otros o la mayoría será beneficioso. Las máscaras caen, y las posiciones quedan al descubierto.

Desde su opción anti abortista, que puso foco en el gran negocio que rodea a esta lamentable práctica, hasta su oposición al enfrentamiento bélico en el mundo, que lo llevó a traer a casa a numerosos soldados norteamericanos distribuidos en el mundo, Trump marcó su sello propio. Por mucho menos de lo que él hizo a favor de la paz dieron el Premio Nobel a Obama, pero claro, por ser Trump el establishment internacional determinó que no lo merece.

Su carácter agresivo y muchas veces desleal, más propio de un tigre inmobiliario neoyorquino sin escrúpulos que de un líder mundial, hace difícil una adhesión a él por sus condiciones personales. Su trato descortés no ayuda a quererlo, y su provocación constante y su gusto casi obsesivo por las confrontaciones lo arrinconan a uno entre dos opciones: o amarlo o temerlo. Y todos saben lo que al respecto opinaba Maquiavelo: es mejor que el Príncipe sea temido…

Si lo juzgamos por el aforismo “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, Trump merece la condena. Su permanente juego desafiante a los distintos grupos de poder en el mundo, comenzando con la prensa, enervó los ánimos de ese conspicuo grupúsculo en las alturas que tiene todo en sus manos. Sus 90 millones de seguidores en Twitter presenciaron desde ese balcón digital numerosos destapes espectaculares y desafíos grotescos. Es difícil que otro líder de talla mundial tuviese las mismas agallas que él para agredir verbalmente lo políticamente correcto.

Pero si lo juzgamos no por las palabras sino por las obras, el juicio sería otro. Mientras gritaba en persona y en sus redes a algunos periodistas que eran corruptos y mentirosos, premiaba a las Pobres Hermanitas de la Cristo, unas monjitas que hacen obras sociales que nadie quiere hacer, en los jardines de la Casa Blanca. Saltaron por los aires la industria armamentística, las tecnológicas, las farmacéuticas, la fenomenal industria del tráfico de órganos (representado por Planned Parenthood), la OMS y la casi omnipotente pero siempre omnipresente China de Xi Jinping. Promociona el retorno de la industria “made in USA”, casi abandonada o vendida al gigante asiático, y las sanciones a los que pretendían el globalismo por sobre lo americano.

No estando definido aún qué va a pasar el 20 de enero, porque tal vez ni él mismo lo sepa, es difícil pergeñar cuál sería su legado. Pensar en un nuevo Partido político llamado MAGA, dada la marcada división del Great Old Party, no suena muy descabellado. Si hoy Trump tiene 75 millones de votos, no debería serle difícil algo así. Pero también puede hacerlo sin salir del Partido Republicano, promoviendo un Movimiento interno que defina el ganador en cualquier elección. Pero…¿será éste el propósito de Trump? ¿Querrá bajarse del pedestal para recomenzar desde cero y apuntar al 2024? ¿Le dejarán de pie y libre para intentarlo?

El nivel de confrontación que se aprecia en la sociedad americana es algo muy grave y peligroso. Muchos de los que se oponen no lo hacen dialécticamente simplemente, sino que lo odian. Y él lo sabe, los desafía y acentúa ese sentimiento. Si no sabemos qué hará en los siguientes días, sí sabemos que los que están detrás de Biden no lo dejarán ir a casa tranquilamente. Y él también lo sabe.

La figura más rutilante en el escenario internacional, el hombre que acentúa las divisiones y clarifica las posiciones, el que no permite la indiferencia ante sí y se cree el nuevo Augusto, con seguridad seguirá presente en las noticias que lleguen al mundo, aunque más no sea para denostar en su contra o pedir su ejecución. El mundo no será igual. Y eso…él también lo sabe.

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