Ante la avalancha de la COVID-19, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se esforzó en no salirse del guión en un intento por mejorar los resultados de las encuestas, que censuran su gestión de la crisis y le ubican por detrás de su rival electoral, el demócrata Joe Biden.

“Nada me importa más que la salud y el bienestar del pueblo estadounidense”, manifestó el mandatario en un discurso en la Casa Blanca, en el que apareció rodeado de banderas de EE.UU.

Trump dijo que su “mayor prioridad” es conseguir una vacuna y explicó que su Gobierno ha invertido millones de dólares en la producción “masiva” de las opciones más prometedoras para que, en cuanto se compruebe que hay una vacuna segura, pueda distribuirse a millones de estadounidenses.

El presidente hizo esas declaraciones en un evento para firmar cuatro órdenes ejecutivas destinadas a rebajar el precio de los medicamentos, uno de los temas que más preocupan a los estadounidenses. Sin aceptar preguntas, logró seguir con el giro de discurso que ha emprendido esta última semana.

Primero abrazó el uso de las mascarillas, contra las que había librado una guerra cultural durante meses, después instó a los jóvenes a evitar multitudes, luego aceptó que no todas las escuelas abrirán en otoño, y este mismo jueves canceló la Convención Nacional Republicana que iba a celebrarse en Florida.

“NO PRESTAMOS MUCHA ATENCIÓN A LAS ENCUESTAS”

Sin embargo, el nuevo jefe de campaña del presidente, Bill Stepien, aseguró este viernes en una llamada con la prensa que el cambio en la actitud de Trump no se debe a las encuestas.
“No prestamos mucha atención a las encuestas”, afirmó Stepien, quien insistió en que los sondeos ya se equivocaron en 2016, cuando predijeron que Trump perdería frente a la entonces candidata demócrata Hillary Clinton.

Actualmente, las encuestas muestran que los estadounidenses desaprueban el manejo de la crisis por parte de Trump y, en algunos estudios de opinión, Biden aparece con una ventaja de hasta dos dígitos sobre el mandatario. La última vez que un candidato aventajó por tanto a otro fue hace 25 años, cuando el entonces presidente demócrata Bill Clinton luchaba por la reelección frente al republicano Bob Dole.

El siguiente evento en el calendario electoral son las convenciones de los partidos, que se celebrarán de manera virtual, aunque Biden y Trump sí darán un discurso para aceptar oficialmente la nominación de sus respectivos partidos.

De momento se desconoce qué formato usará Trump y si habrá público. Interrogada al respecto, la portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, se limitó a decir este viernes que se están barajando “varias opciones creativas”, sin dar más detalles.

SIN CONVENCIÓN, PERO CON LAS ESCUELAS ABIERTAS

A pesar de haber reconocido que la convención suponía un riesgo para la salud pública, la Casa Blanca volvió este viernes a presionar a gobernadores y autoridades locales para que reabran las escuelas en agosto.

Los gubernamentales Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) publicaron una nueva guía que urge a las escuelas a retomar las clases presenciales por ser beneficiosas para los menores y que resta importancia al riesgo que el virus supone para los niños.

El tono de la nueva guía es político y se aleja de la neutralidad científica que suelen tener los informes de los CDC. De hecho, funcionarios familiarizados con el proceso dijeron a The Washington Post que segmentos de esos nuevos documentos fueron escritos por funcionarios de la Casa Blanca y no por expertos médicos.

Curiosamente, a pesar de la presión de Trump, su hijo pequeño probablemente no podrá asistir a su escuela de manera presencial. Su colegio, el centro privado Andrew’s Episcopal, en Maryland, anunció que está barajando impartir todas las clases por internet o implantar un modelo mixto con clases presenciales y remotas.

TEXAS, FLORIDA Y CALIFORNIA, LOS MÁS GOLPEADOS

Entretanto, EE.UU. sigue siendo el país más afectado por la pandemia: superó la barrera de cuatro millones de contagios, ya suma 144.000 fallecidos y este jueves registró más de 1.000 muertes por el virus por tercer día consecutivo, de acuerdo a la Universidad Johns Hopkins.
De los 50 estados de EE.UU., Florida, California y Texas son los más impactados con récords de casos diarios.

La situación es tan grave que, por ejemplo, las autoridades del condado texano de Starr, en la frontera con México, han dado permiso a los médicos para que decidan qué pacientes pueden quedar ingresados y cuáles están demasiado enfermos y no pueden ser tratados, de forma que tienen que regresar a su casa a morir o buscar otro hospital.

Ese condado, que incluye a la ciudad de Río Grande, solo tiene un hospital con 29 camas para cuidados intensivos y esta semana dijo que ya tenía 28 ocupadas con pacientes críticos.

Déjanos tu opinión