El presidente, Donald Trump, alabó hoy la política migratoria y la supuesta defensa del cristianismo del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, al que describió como «controvertido» sin llegar a pronunciarse sobre el panorama democrático y de derechos humanos en Hungría.

La visita de Orbán a la Casa Blanca marcó su primera reunión con un presidente desde 1998, cuando se entrevistó con Bill Clinton nada más iniciar su primer mandato, y el comienzo de un proceso de deshielo para el polémico líder, al que tanto George W. Bush como Barack Obama se negaron a recibir en el Despacho Oval.

«Viktor Orbán es un líder enormemente respetado, respetado en toda Europa. Un poco controvertido, probablemente, como yo, pero no pasa nada. Usted está haciendo un gran trabajo y está manteniendo seguro a su país», aseguró Trump al comienzo del encuentro.

«Ha hecho lo correcto en temas de inmigración, según mucha gente. Algunos de los problemas que están teniendo en Europa son tremendos, porque han hecho las cosas de forma diferente que el primer ministro (húngaro)», opinó el mandatario.

Para el ultraconservador Orbán, las palabras de Trump supusieron un espaldarazo a sus duras políticas migratorias, que le han generado un enfrentamiento con la Unión Europea (UE) por relacionar a los inmigrantes con el terrorismo y afirmar que ponen en peligro la cultura europea y cristiana.

Igual que Trump con las caravanas de indocumentados centroamericanos, Orbán ha descrito como una amenaza para el país a los refugiados que durante los últimos años han llegado masivamente a Europa central a través de la ruta de los Balcanes.

«Estamos orgullosos de poder coincidir con los Estados Unidos en la lucha contra la inmigración ilegal, contra el terrorismo, y para proteger y ayudar a las comunidades cristianas en todo el mundo», subrayó Orbán.

Trump elogió entonces su «gran» trabajo «con respecto a las comunidades cristianas» en Hungría, donde Orbán ha promovido una campaña destinada a defender supuestamente la identidad cristiana de la mano de un duro discurso contra los musulmanes.

La afinidad que ambos demostraron en el Despacho Oval eclipsó los focos de tensión que aún caracterizan la relación con Hungría.

Un grupo de senadores, entre ellos los republicanos Marco Rubio y James Risch, pidieron el pasado viernes en una carta a Trump que hablara con Orbán sobre «la decadencia democrática» de Hungría, donde consideraron que hay «una corrosión progresiva de la libertad y el Estado de derecho».

Pero Trump no tenía previsto sacar ese tema durante su reunión con Orbán, según la Casa Blanca, que argumentó el pasado viernes que el encuentro era «corto» y que esos asuntos ya se abordan regularmente durante contactos bilaterales a menor nivel.

Después de la reunión, la Casa Blanca afirmó en un comunicado que Trump y Orbán reafirmaron su compromiso «con los sistemas democráticos de gobierno» de ambos países, «que salvaguardan la libertad y cultivan la prosperidad».

Los dos también «conversaron sobre cómo aumentar la vigilancia contra la migración global irregular y para hacer frente a las prácticas injustas de comercio e inversión de China», además de reafirmar su «compromiso con la alianza de la OTAN», agrega la nota.

La relación dentro de la OTAN, los lazos comerciales y la política energética fueron los grandes temas sobre la mesa en el encuentro, que supuso la primera visita a la Casa Blanca en 14 años de un primer ministro húngaro.

Pese a la afinidad que Trump demostró con él, Orbán llevaba más de dos años esperando para visitar la Casa Blanca: aunque fue el primer líder extranjero en mostrarle apoyo cuando era candidato republicano en 2016, ha sido el último líder centroeuropeo en ser invitado a Washington bajo su mandato.

Ese retraso demuestra la complejidad de la relación bilateral, ensombrecida por las restricciones en Hungría a la Universidad Centroeuropea (CEU), fundada por el magnate progresista estadounidense George Soros, al que Orbán acusó de conspirar para inundar Hungría de inmigrantes musulmanes.

Los lazos también se han tensado por la cálida relación de Budapest con el gigante tecnológico chino Huawei, y por la decisión del Parlamento húngaro de abrir la puerta y otorgar inmunidad diplomática al Banco Internacional de Inversiones (IIB), controlado por Rusia y que en el pasado tuvo vínculos con el KGB soviético.

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