La ex presidente Cristina Kirchner corre el velo, se empodera, desafía y nos deja ver las verdaderas intenciones que tiene, deja al presidente Alberto Fernández muy mal parado y se encamina a concretar el final del plan que trajo de Cuba.

La operativa del lobby que realiza George Soros donde cabe destacar que la trayectoria del inversor en la Argentina abarca más de tres décadas de negocios con los sucesivos gobiernos, además de una poderosa red de influencia. Es importante señalar que el año 2018 el año del frustrado proyecto abortista ministros, senadores, diputados, empresarios de prensa y referentes de todo el arco ideológico, figuraban en la lista de líderes confiables del Open Society Institute,

Días más tarde el presidente Alberto Fernández anunció la triste noticia de que no se sabe cuándo terminará el encierro compulsivo, inaugurando una tercera prórroga que esta vez descarta de lleno una fecha de finalización.

Es sabido que el Ministro de Economía de la Argentina es un discípulo del Premio Nobel de Economía (2001),  el estadounidense Joseph Stiglitz, quien volvió a ponderar las virtudes de su discípulo y ministro de Economía argentino, Martín Guzmán. Recordemos que Soros, le pidió al presidente Fernández poner a la Argentina en la mínima expresión en relación al valor de sus activos, plan que pretende replicar en su país de residencia el gigante del norte, EE.UU.

En vista de todo lo expuesto es lógico el revuelo en tiempos donde la ministro de Seguridad Sabina Frederic realiza ciber patrullajes orwellianos lo que constituye un verdadero acto de osadía cuando recrudece las detenciones que ya algunos juristas advierten como arbitrarias mientras se abusa de figuras penales como la incitación pública para allanar domicilios, secuestrar dispositivos electrónicos y encerrar a personas bajo el pretexto del virus,

Es así que se disuelven las garantías fundamentales de los ciudadanos, frente al enemigo pero como ya lo dijo Mariano Moreno -el primer periodista del Río de la Plata- “prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”.

Así es que el kirchnerismo encontró en la pandemia y en la cuarentena la puerta de entrada para la implementación del modelo que termine con la iniciativa privada en Argentina, cumpliendo el mandato explícito del magnate húngaro.

El espacio de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) siempre tuvo divisiones internas. Por un lado hay un sector peronista más pragmático que mira tanto a la jefa como al sentir de la opinión pública, este espacio, que hoy está de vuelta llegó a enfrentar en las urnas al kirchnerismo duro. Por el otro lado están “los soldados de Cristina”, como a ellos les gusta denominarse, que se trata de una reencarnación (venida a menos) de ese justicialismo de izquierda que el mismo Perón utilizó a su favor, hasta que entraron en la clandestinidad y lo enfrentaron con las armas.

Los Montoneros pusieron el cuerpo para que el caudillo retornara al país y fueron traicionados. Finalmente, sus cuadros de base fueron masacrados por la última dictadura militar, cabe destacar que el Proceso de Reorganización Nacional no hizo otra cosa que terminar con el trabajo sucio de la Triple A del peronismo ortodoxo, por el cual se había decidido el general que llevara adelante la acción.

Durante los años del primer ciclo K (2003-2015) este espacio tuvo poder, hizo negocios, se apoderó de las empresas públicas, pero no pudo consolidar el proyecto hegemónico que soñaba para el país. Cuando se animaron a proponer la reforma constitucional para que en 2015 Cristina volviera a ser candidata, millones de argentinos salieron a manifestarse en contra, el proyecto quedó archivado y Mauricio  Macri tuvo su oportunidad desperdiciada.

En la última campaña, con Cristina Kirchner escondida detrás de la figura paternalista de un Alberto Fernández que era la cara visible con un discurso moderado, el kirchnerismo duro prometió que volvería “mejor”, que aprendió de sus errores y que todo sería diferente. Sin embargo, la realidad era muy distinta, lo único que aprendió es que tiene que llevarse absolutamente todo puesto para no volver al llano, como en los cuatro años de Juntos por el Cambio donde la justicia proceso a casi todo el Gabinete de Cristina Kirchner, pero no pudo terminar de juzgar a la verdadera responsable. Alberto Fernández tendría ya firmada una absolución presidencial donde absuelve de todos los juicios al expresidente que sería el último acto oficial que haría antes de retirarse.

La pandemia y la cuarentena del virus corona le dio la excusa perfecta para implementar el estatismo exacerbado que siempre tuvo en la cabeza. Hoy el modelo de expropiación es parte de la discusión de todos los días, mientras que el sector privado se cae a pedazos, las autoridades les prohíben a muchas empresas trabajar, pero tampoco las autoriza a despedir empleados o a reducir sueldos.

Ahí aparece el Estado argentino a proponer salvatajes para pagar los salarios con dinero recién impreso, que muy pronto carecerá por completo de valor alguno, mientras la maquinita del Banco Central trabaja a luz y sombra, en el último año el déficit fiscal se multiplicó un 700 % durante el mes de mayo, los números de junio, con la recaudación por el suelo, podrían ser incluso peores.

En estos días, lejos de proponer un programa para encaminar la situación, el Frente de Todos reconoció abiertamente el modelo de país con el que sueña para el futuro. “Una economía básicamente motorizada por el Estado”. Para los delirantes del kirchnerismo esto sentará las bases para “un país más justo, donde la cuenta no dé siempre a favor de los que más tienen”.

Mientras tanto las pequeñas y medianas empresas caen como moscas, a la complicadísima situación económica que se vivía hasta marzo, ahora se le suman las consecuencias de una cuarentena extendida.

Caminar por cualquier calle de Buenos Aires, incluso en las zonas más pudientes, es un drama, en muchas cuadras la cantidad de comercios cerrados ya equipara al número de los abiertos.

¿Hace falta aclarar hacia dónde va la tendencia?

En lugar de ofrecer un alivio fiscal, reducir el enorme peso de la burocracia, desregular los contratos laborales y permitir que los negocios funcionen con los recaudos necesarios, el Estado ahoga, ahoga, ahoga y no se salva nadie. La semana pasada la aerolínea Latam informó que el país no era viable y se retiró del mercado interno argentino

Cada vez son más las voces que aseguran que la fundición total y absoluta del país no es más que un plan siniestro para liquidar al sector privado y quedarse con todo, cuando uno ve las iniciativas y el discurso oficial, hay cada vez más duda sobre lo conspiratorio o lo real detrás de todo esto.

Sobrevivir hasta 2021 y aprovechar la última oportunidad

En las últimas horas proliferaron las marchas en contra de las iniciativas de un Gobierno, al que muchas personas ya denominan como “socialista”. Las banderas en defensa de la libertad y la propiedad privada por estos días no son parte del discurso neo liberal. Están en boca de todos.

Las elecciones de medio término del año próximo pueden ser la última oportunidad para librarse del kirchnerismo de una vez por todas, ellos mostraron la hilacha y reconocieron su verdadero proyecto, lo que escandaliza a millones de argentinos, incluso a muchos quienes votaron por Alberto Fernández en las últimas elecciones.

La poca cintura política que le estaría dejando al presidente la abdicación ante el magnate húngaro G. Soros le obligaba a ponerse en contra al gobierno de los EE.UU.

Y es por eso que Alberto Fernández abrió un inesperado conflicto político con Donald Trump al cuestionar su decisión de ocupar la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y bloquear el crecimiento geopolítico del UNASUR, un foro regional diseñado por Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva para contrarrestar la influencia de Washington en la Organización de Estados Americanos (OEA).

La crítica presidencial a la agenda geopolítica de los Estados Unidos aparece cuando es necesario que el Departamento del Tesoro influya en la negociación de la deuda externa que continúa trabada entre el gobierno argentino y el poderoso fondo BlackRock, que tiene llegada directa al Salón Oval.

Y los EE.UU. rompieron el UNSAR y crearon el PROSUR. También hicieron todo lo posible para que la CELAC desaparezca. Y tampoco les alcanzó eso. Ahora fueron por el BID y todo el continente salió a apoyar que los EEUU, por primera vez en la historia también presida el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y nos hemos quedado dos países al margen de ese apoyo: México y nosotros”, opinó Alberto Fernández en una video conferencia que organizó la Universidad de Buenos Aires (UBA) y lideró Lula Da Silva.

Un traspié del kirchnerismo duro puede volver a alejar a la columna vertebral peronista del espacio de Cristina, para que así florezca una opción en 2023. Si a caso el país volviera a tener la suerte de librarse del populismo mediante un proceso electoral, el próximo gobierno deberá tener muy en claro el fracaso del modelo de Macri y hacer las reformas necesarias desde el día uno.

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