Preocupa en Washington la injerencia de China en Latinoamérica

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El ingreso de China en América Latina ha sido tan rápido que asombra a propios y extraños. Las relaciones que al principio se consideraron unidimensionales y transaccionales, basadas en el intercambio de productos por productos manufacturados, ahora se están consolidando en una amplia gama de intereses económicos, políticos y geoestratégicos.

China está organizando los próximos años de comercio con América Latina a pasos agigantados comprando empresas emblemáticas en diferentes países a través de Centro y Sur América.

A todo esto Washington mira de reojo con cierto recelo pero la pregunta sería: ¿qué tan preocupada debería estar la Casa Blanca?

Sin lugar a dudas en los últimos años Washington ha abandonado la cordial e intensa relación económica que tenía en Latinoamérica. Ya desde la época de Obama era inevitable ver como la superpotencia perdía fuerza e influencia regional ante el tsunami chino que venía arrasando América Latina.

Pero hay razones reales y específicas para que tanto los republicanos como los demócratas, y por supuesto los mismos latinoamericanos, estén preocupados por la forma particular en que Beijing está expandiendo su influencia en la región.

En los últimos 20 años varias naciones de América Latina han venido desarrollando relaciones con China sin comprender completamente las consecuencias de un compromiso significativo con el estado comunista más grande del mundo.

Las consecuencias de esos compromisos continúan afectando a la región, incluso cuando algunos gobiernos actuales intentan deshacer varios de esos compromisos acordados por sus predecesores.

En muchos casos algunos gobiernos prácticamente le entregaron las llaves de la economía de sus países a los chinos a cambio de suculentas sumas de dinero permitiendole a empresas chinas hacer y deshacer a gusto diversos proyectos que a la larga afectarían negativamente el medio ambiente en varios de estos países.

En ejemplo de esto es lo que viene pasando en Argentina donde la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner invitó a China a establecer bases militares de doble uso en Argentina para la proyección de poder relacionada con el espacio.

Pocos años después, su sucesor Mauricio Macri quiso dejar sin efecto esos compromisos y recuperar las tierras otorgadas sin suerte alguna.

A medida que la política latinoamericana va cambiando y las relaciones se profundizan en base a la experiencia y expectativas más realistas, varias naciones latinoamericanas ahora están tratando de reequilibrar sus relaciones antes de que se vuelvan permanentemente sesgadas y desventajosas.

Los líderes entienden cada vez más que ahora deben moldear de manera proactiva el compromiso de sus respectivas naciones, buscando estructurar las relaciones con China de una manera que promueva una cooperación verdaderamente beneficiosa para todos, al tiempo que limitan los aspectos negativos cada vez más evidentes que de otro modo podrían ser no regulados y  opacos. Al final, las naciones con instituciones fuertes, y adhesión al estado de derecho generalmente estarán en una mejor posición para desarrollar relaciones sanas y saludables con China a largo plazo.

Para los Estados Unidos es difícil competir en América Latina con China, es más que nada una cuestión de precios. En cuanto a calidad lógicamente que la de los norteamericanos es infinitamente superior pero los costos para lograr esa calidad son mayores.

La región se encuentra claramente en un punto de inflexión en términos de su relación con China, y Estados Unidos ha tratado con razón de diferenciar entre sistemas, trabajando para posicionarse como el socio preferido para América Latina.

La mayoría de los ciudadanos latinoamericanos prefieren a los Estados Unidos que a China pero a la hora de poner la plata sobre la mesa es mucho más lo que logran a cambio con China en un corto plazo a lo que lograrían con Estados Unidos.

El camino es claro, y hay que imponer más condiciones y mirar los negocios con China a largo plazo, hasta que no hagamos eso el gigante asiático continuará su marcha inexorable, disruptiva y en expansión por todo el hemisferio.

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