Con un fenómeno que por primera vez en la historia nos iguala a todos en el mundo entero, distintos aspectos del vivir cotidiano que se ven afectados comienzan a saltar a la consideración y pensamiento colectivo.

El convivir obligatoriamente en el confinamiento con la familia, encerrados, nos interpeló sobre el relacionamiento con nuestro ¨primer anillo¨ y nuestros valores familiares. El impedimento para asistir a servicios religiosos o el lugar de trabajo nos hizo pensar en nuestras razones últimas respecto a lo que hacemos. El tiempo libre disponible nos cambió las rutinas y nos llevó tal vez a re plantear muchas cosas.

Y sin dudas los que se pusieron en el centro de nuestras vidas fueron las autoridades, que de ser normalmente miradas por muchos ojos, pasaron a serlo directamente por todos los ojos, sobre todo las sanitarias.

Y aquí viene un debate interesante: el grado de participación del Estado en la vida de los ciudadanos, en todos nuestros países americanos, aún no fue objeto de un análisis en profundidad con una mirada retrospectiva, sopesando lo resuelto en las legislaciones y evaluando la situación actual.

Nuestras distintas Constituciones fueron hechas según el pensamiento de sus épocas. La anterior omnipresencia del Estado en gran parte del siglo 20, de la mano de países extremadamente pobres y carentes en casi todos los órdenes de servicios básicos o empresas incluso privadas, iba de la mano de los tiempos imperantes en el mundo.

Hacia fines de siglo pasado la situación había cambiado, y hoy tenemos distintos tipos de Estados de Derecho y democracias con acentos sociales, con la presencia privada ocupando casi todos los espacios de la vida, y un Estado también presente a la par.
¿Hasta dónde tendrían que llegar uno y otro?

La pandemia llevó a ver la importancia del Estado en nuestras vidas, en un aspecto tan básico como la salud. Pero la pandemia va a pasar, y el mundo va a seguir. Y lo que hacemos en una circunstancia de apuro no tiene por qué ser permanente después. Tenemos que definir qué será eso permanente que quedará en el funcionamiento de la sociedad.

Ante el fortalecimiento y desarrollo del sector privado, con pujanza, inversiones, mejorías notables y refinamiento de costumbres, tal vez un Estado ya no tenga que ocupar todos los espacios que ocupaba antes por ausencia del privado. Hay sectores donde la eficiencia y competitividad del sector privado hacen innecesaria una participación estatal en forma directa, debiendo ser tal vez un mero regulador.

En los Estados Unidos, ese compartir distintas visiones en el ejercicio del poder real por parte de los Partidos Republicano y Demócrata, que se turnan en la Presidencia de la Nación, hizo que gradualmente el Estado vaya ocupando mayores espacios y roles en la vida norteamericana, más allá de lo teórico.

La presencia notoria, el rol regulador, la cantidad de funcionarios, o su ausencia en ciertos ámbitos, requiere siempre una actualización en el análisis para ver los contornos, los límites y las tendencias en el mundo de la tecnología 5G y la inteligencia artificial.

Empecemos a pensar sin los condicionamientos del COVID 19 y la urgencia, para diagramar la mejor forma de convivencia armónica en una sociedad del siglo XXI.

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