Mazda advirtió que la imposición por parte de Washington de aranceles a las importaciones de automóviles podría suponer «un impuesto que será pagado por los consumidores estadounidenses» lo cual encarecería todos los vehículos vendidos en el país.

En un comunicado, la empresa japonesa señaló que ha presentado sus opiniones a la investigación lanzada por la Administración del presidente, Donald Trump, sobre las importaciones de automóviles en Estados Unidos. «En nombre de los 32.000 estadounidenses que sostienen a sus familias trabajando en Mazda y los concesionarios de Mazda en Estados Unidos, hoy hemos remitido comentarios a la investigación del Departamento de Comercio sobre importaciones de automóviles como posibles amenazas a la seguridad nacional», dijo el fabricante.

La nota agregó que «un arancel es un impuesto que será pagado por los consumidores estadounidenses. Aumentará de forma significante el coste de cada vehículo nuevo vendido en Estados Unidos, sin importar donde haya sido producido». Mazda solicitó al Departamento de Comercio, que ha dado de plazo hasta el 29 de julio para recibir comentarios, que «rechace la premisa de que las importaciones de automóviles son una amenaza para la seguridad nacional». El pasado 23 de mayo, Trump ordenó al Departamento de Comercio la investigación para determinar si los automóviles son una amenaza «a la seguridad nacional» e imponer aranceles de hasta el 25 % a las importaciones de vehículos y componentes.

Ayer, Toyota también criticó los intentos de la Administración Trump de penalizar las importaciones de vehículos producidos fuera de Estados Unidos utilizando argumentos similares a los señalados hoy por Mazda. Toyota advirtió de que si el Gobierno de Trump impone aranceles del 25 %, tal y como ha sugerido, el modelo Camry, que se produce en Kentucky, aumentará su precio en 1.800 dólares. También ayer, el grupo que representa a algunos de los fabricantes de vehículos extranjeros en Estados Unidos, Global Automakers (GA), explicó que los aranceles harán que el precio de los vehículos importados aumente una media de 5.800 dólares, lo que costaría a los consumidores 45.000 millones de dólares al año.

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