Las nuevas tecnologías nos proponen nuevas alternativas y nos plantean discursos con medias verdades en su lobby mundial.

Por Arturo Soneira

Las nuevas tecnologías nos traen a este tipo de planteamientos casi surrealistas, que parecen salidos de un film como MATRIX, pero la incertidumbre que nos plantea es muy seria.

¿Estaríamos todos dispuestos a consumir una fuente de proteína sintetizada en un laboratorio?

¿Sería bueno disminuir los sistemas pastoriles de producción de carne?

¿Qué es la carne sintética?

Se conoce como carne sintética o carne cultivada a aquella carne producida por medio del cultivo de células en un laboratorio. Para producir un kilo de carne de laboratorio deben producirse aproximadamente 50.000 millones de células fuera del animal (ex vivo), que luego se cosechan y procesan. Unas 20.000 de estas hebras musculares son las que componen una hamburguesa de tamaño regular.

¿Es viable la producción de carne sintética?

De momento se ha logrado crear proteína en los laboratorios, pero aún los costos son tan elevados que no serían competitivos aún, el costo de la primera hamburguesa sintética estuvo alrededor de los 330.000 dólares y hoy se estima que se encuentra en 10 dólares por unidad a escala laboratorio.

Si los costos siguen esta dinámica exponencial y pueden llegar a valores competitivos respecto a la carne producida en forma tradicional, es de esperar que los efectos sean muy significativos y puedan alterar la industria de carne tal cual la conocemos. No obstante, ello, se espera que eso ocurriría en el mediano y largo plazo, más allá del 2030, siendo la carne sintética en la transición un producto de nicho.

La ganadería es considerada una de las actividades con mayor impacto ambiental, en términos de emisiones de efecto invernadero.  De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la actividad ganadera a nivel mundial genera aproximadamente 7.1 gigatoneladas de dióxido de carbono al año, representando el 14,5% de las emisiones totales antropogénicas de gases de efecto invernadero. La producción de carne y leche de bovino aportan 64,8% de las emisiones de toda la cadena ganadera.

Esta afirmación es cierta pero solo si miramos la ganadería únicamente y no como un todo, que sería el llamado sistema pastoril en la que se desarrolla porque la realidad irrefutable es que el balance de CO2 de los sistemas pastoriles es altamente positivo para el calentamiento global.

También es cierto que si estos productos sintéticos fueran competitivos serían una solución a países que no son capaces de producir su propia proteína animal por sus condiciones geofísicas, y estas fuentes alternativas serían una solución definitiva al problema.

¿Hay amenaza a la producción tradicional de carne?

Sí, claramente y la amenaza es la posibilidad de que el escalado de la

tecnología y su inserción en el mercado ocurra más rápido de lo previsto, a costos competitivos. En este caso, es probable que el factor tierra tiende a perder relevancia como factor de la producción y se reduzca el flujo de inversiones hacia el sector agropecuario, comprometiendo los procesos de desarrollo territorial.

Naturalmente, este no es un juego estático. En la medida que el productor perciba que su actividad principal está en riesgo, probablemente se acelerarán los esfuerzos en la ganadería tradicional para hacerla más competitiva y amigable con el ambiente.

Esto ya está ocurriendo impulsado por la agenda del cambio climático y es probable que esta nueva tecnología acelere dicho proceso. En este sentido, la carne sintética como un nuevo factor de riesgo puede abrir una ventana de oportunidad para repensar la ganadería tradicional y hacerla más competitiva a nivel global.

Cabe remarcar que si bien es altamente probable que el consumidor tenga un alto rechazo a la carne producida con dichas tecnologías, los efectos pueden ser indirectos, en la medida que el escalado impacte en el precio de la carne a nivel global.

Por otro lado, debe notarse que los productos derivados de la carne cultivada serán siempre destinados a alimentos a base de carne picada (hamburguesas, albóndigas, etc.) que representan un nicho de consumo diferente al de los cortes enteros obtenidos del animal. No obstante, actualmente las hamburguesas son la forma de consumo más común de la carne a nivel mundial, de la mano de la expansión de las cadenas de comida rápida.

Más allá del caso puntual de la carne sintética, es un campo

científico relativamente nuevo, cuyo potencial de aplicaciones es aún desconocido y cuyos principales científicos están concentrados en Estados Unidos, Europa e Israel.  Para países agroalimentarios como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Nueva Zelanda y Estados Unidos, al menos este nuevo contexto debería llevarnos a pensar cuáles son las mejores estrategias para mitigar el riesgo de la aparición de un nuevo “cisne negro” (evento con muy baja probabilidad de ocurrencia, pero de alto impacto) y que nuevas oportunidades se podrían abrir en un contexto donde, simultáneamente a la aparición de nuevas tecnologías, lo “natural” como atributo se valoriza.

Personalmente creo que si la carne sintética llega a niveles competitivos en volúmenes y costos sumaríamos un nuevo problema a el calentamiento global, si disminuimos la cantidad de carne producida en sistemas pastoriles vamos a tener indefectiblemente un aumento del sistema invernadero lo que agravaría una ya por demás situación complicada.

 

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