Las penurias del Estado Islámico, en sus propios documentos

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Las penurias del Estado Islámico, en sus propios documentos

Por Pablo Molina 

 

Las agencias de inteligencia y los expertos en terrorismo islamista analizan continuamente la situación de la organización del sedicente califa Bagdadi. Tras las pérdidas de territorio que ha experimentado en Siria e Irak y los ataques de la aviación aliada en Mosul, en los que habría sido destruida gran parte de sus reservas financieras, es harto probable que el Estado Islámico padezca muy pronto muy graves dificultades económicas.

 

Eso es lo que piensan las agencias y los expertos… y lo que se desprende de los propios documentos del Estado Islámico.

 

Peter E. Gersten, general del Ejército estadounidense y vicecomandante de la coalición internacional contra el EI, sostiene que la agonía financiera del grupo terrorista es un hecho que ya está comenzando a tener consecuencias.

 

Cuando vine aquí, veíamos que llegaban a luchar [con el Estado Islámico] entre 1.500 y 2.000 combatientes extranjeros [cada mes]. Ahora, tras un año de combatir al enemigo, las estimaciones han descendido hasta unos 200. Y de hecho lo que estamos viendo es un aumento en las tasas de deserción, desmoralización [de la tropa terrorista] e incapacidad [del EI] para afrontar los pagos.

 

Las dificultades financieras del EI eran ya un hecho conocido, pero nuevos documentos de la propia organización revelan su vasto alcance. El investigador del Middle East Forum Aymen Jauad al Tamimi ha recopilado informes internos del Ei con datos de gran interés.

 

Mientras las afirmaciones rutinarias que circulaban acerca del salario base hablaban de 400 dólares mensuales para los combatientes locales y 800 para los extranjeros, la única evidencia fiable por ahora proviene de documentos que apuntan a un esquema salarial de 50 dólares mensuales, con pagos adicionales de 50 dólares por esposa, 35 por hijo, 50 por esclava sexual (sic), 35 por hijo de esclava sexual, 50 por progenitor dependiente y 35 por otros familiares dependientes. Puede haber también otros complementos, relacionados con el suministro diario de alimentos y el coste de la calefacción, y bonificaciones por llevar a cabo ciertas tareas.

 

El general Gersten incide en las dificultades del EI para mantener en pie su aparato militar y administrativo. Los propios documentos de la organización acreditan sus penurias. En ellos aparecen constantes apelaciones a reducir el consumo eléctrico y el uso de vehículos oficiales. También incluyen llamamientos para reclutar a civiles.

 

Dichos intentos de movilización sugieren que el Estado Islámico está sufriendo problemas de mano de obra. Esto quedóampliamente reflejado cuando el EI publicó una amnistía general para los desertores a comienzos de octubre de 2015. La escasez de personal quedó también demostrada en un documento del EI que apareció el año pasado. Publicado en la provincia de Deir Ezzor, en el este de Siria, el documento indicaba que miembros del EI habían intentado hacerse con informes médicos falsos para librase de ir a la primera línea del frente.

 

Todo este material viene a resaltar las crecientes dificultades que está viviendo la organización terrorista liderada por Bagdadi. Sin embargo, como reconocen los principales analistas de la yihad, decretar el colapso inminente del EI sería prematuro. Entre otras razones, porque la mayoría de quienes viven de la organización terrorista están acostumbrados a sobrellevar condiciones aún peores, en una zona asolada por la guerra desde hace ya más de cinco años.

 

Esta columna fue publicada originalmente en revista el medio en junio de 2016. Reproducida en Político Hispano con autorización explícita de dicha fuente

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