La pelea perdida del grupo de Ted Cruz

0
386

El anuncio del senador republicano Josh Hawley de Missouri la semana pasada de que objetaría a los electores de Biden de algunos estados inmediatamente provocó que otros once senadores republicanos, organizados por Ted Cruz, se unieran y declararan que objetarían a los electores de Biden de todos los estados en los que Trump está disputando los resultados de los comicios electorales del pasado 3 de noviembre.

Al igual que Hawley, el grupo de Cruz cita el precedente de 2005, cuando la senadora Barbara Boxer se unió a los demócratas de la Cámara de Representantes para forzar un debate sobre si contar a los electores de George W. Bush de Ohio, el estado que proporcionó el margen de victoria de Bush en las elecciones ese año.

Si los objetores liderados por Cruz de alguna manera se salieran con la suya, estarían pisoteando la ley federal y la soberanía estatal y además también estarían causándole un enorme daño a la democracia estadounidense.

El grupo de Ted Cruz emitió un comunicado justificando su posición. Al igual que la declaración de Hawley la semana pasada, no dice directamente que la elección fue robada cosa que es la única base posible para impugnar el conteo de electores.

Presuntamente escrito con cuidado para permitir a los signatarios un amplio margen de maniobra si su conducta no se llegara a ver bien, en cambio solo dice que “las acusaciones de fraude e irregularidades en las elecciones de 2020 superan cualquiera de las vistas en nuestras vidas”.

Por supuesto, todo esto al parecer es cierto solo porque el presidente en ejercicio de los Estados Unidos amplifica tales acusaciones todos los días, sin tener en cuenta su veracidad o conexión con la realidad.

Las acusaciones en sí mismas no son tan diferentes de las que alimentaron las dudas demócratas sobre el resultado en Ohio en 2005. En esa ocasión por ejemplo, los demócratas se quejaban de que se habían utilizado máquinas de votación para cambiar votos.

La diferencia es que en ese entonces, el candidato perdedor no estaba promoviendo las acusaciones extravagantes, con muchos funcionarios de su propio partido demasiado asustados o cínicos para contradecirlo.

Ted Cruz debe saber que nada razonable se puede hacer para poner fin a las acusaciones porque Trump las seguiría repitiendo hasta que se anularan las elecciones y se le concediera un segundo mandato.

La carta del grupo de Cruz dice que “idealmente, los tribunales habrían escuchado pruebas y resuelto estos reclamos de fraude electoral grave”. De hecho, los tribunales federales de Wisconsin, Pensilvania y Nevada sí consideraron los méritos de la campaña de Trump y todos los consideraron deficientes.

La carta lamenta que la Corte Suprema no se haya ocupado de las cuestiones de hecho, pero está claro que la corte más alta del país no es un organismo de investigación aleatorio.

La demanda más prominente que aterrizó en su escritorio fue un intento de Texas de descartar los resultados en campos de batalla clave ganados por Biden. El tribunal se negó a escuchar la demanda porque tenía fallas constitucionales tremendamente flagrantes.

La carta cita también la controversia sobre las notorias elecciones presidenciales de 1876 entre el demócrata Samuel Tilden y el republicano Rutherford Hayes tratando de hacer una analogía con la actualidad. Se refiere a “serias acusaciones de fraude y conducta ilegal” en 1876, pero esto lo subestima significativamente.

En 1876, no había solo acusaciones; había evidencia honesta de sobornos y relleno de votos en ambos lados. Había listas rivales de electores de Luisiana, Florida y Carolina del Sur. Por otra parte hay que recordar que los votantes negros en esa época fueron sometidos a una terrible violencia e intimidación para mantenerlos alejados de las urnas.

Comparar algo de esto con la actualidad es realmente penoso. En Georgia, por ejemplo, los recuentos han confirmado los resultados, mientras que una auditoría de firmas no ha encontrado evidencia de desajustes endémicos.

Sin embargo, el presidente de los Estados Unidos llamo una vez más al secretario de estado republicano de Georgia para intimidarlo a que le otorgue la victoria en el estado sobre la base de información errónea y teorías de conspiración.

El grupo de Cruz convocó una comisión electoral siguiendo el modelo de la que determinó el desenlace en 1877 sin importar que esta comisión fuera una farsa. La idea original era que la comisión de cinco senadores, cinco representantes y cinco jueces de la Corte Suprema se dividiría 7-7 entre republicanos y demócratas con el juez David Davis, un independiente,  proporcionaría el voto decisivo.

Sin embargo, sucedió que la legislatura de Illinois eligió a Davis para el Senado, y su lugar en la comisión fue tomado por el juez republicano Joseph Bradley, quien votó de manera confiable con sus colegas republicanos, lo que le dio a Hayes una victoria de 8 a 7 en cada pregunta impugnada para conseguirle los 20 votos electorales adicionales que necesitaba para ganar. Hayes sirvió solo un mandato, que se vio ensombrecido por los acuerdos secretos que aseguraron su elección.

A Trump le puede gustar este modelo, asumiendo que está a su favor. El problema es que, en reacción a la debacle de 1877, el Congreso adoptó un estatuto que otorgaba a los estados un “puerto seguro” para sus electores, es decir, la garantía de que serían considerados concluyentes por el gobierno federal, si fueran designados seis días antes del Colegio Electoral.

Todos los estados en disputa cumplieron con este estándar y ningún órgano legítimo de ningún gobierno estatal designó una lista de electores en competencia. A todo esto el grupo de Cruz propuso poner en duda la única lista de electores designados por el estado en cada estado de todos modos, y esencialmente intenta usurpar lo que se supone que es la función estatal de nombrar electores

Está más que claro que el grupo de Cruz sabe que su esfuerzo no va a ir a ninguna parte. Ambas cámaras del Congreso tendrían que votar para mantener las objeciones a los electores. Ninguna de los dos lo hará ni debería hacerlo. Si todo lo que quieren hacer es indicar que están molestos porque Biden ganó, esta no es la manera ni el foro para hacerlo.

Tampoco es ésta la forma adecuada de examinar las prácticas electorales clandestinas que no alteraron el resultado, o de proponer reformas electorales, por muy necesarias que sean.

 

Déjanos tu opinión