La importancia de tener elecciones honestas

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Días atrás, uno de los abogados que está ayudando a Trump con el tema del fraude electoral, Sidney Powell, indicó que “nuestras fuerzas” confiscaron un servidor de una empresa de votación en Alemania vinculado a un presunto fraude pro Joe Biden cometido por Dominion Voting Systems. Tanto los militares como la empresa de votación en cuestión han negado esta afirmación.

Unos días después Powell dijo que el gobernador republicano de Georgia, Brian Kemp, y su secretario de estado están “al tanto de la estafa de Dominion” y que deberían ser investigados por “beneficios económicos recibidos en ese momento”.

Al día siguiente, el resto de los abogados del presidente Donald Trump, Rudy Giuliani y Jenna Ellis, emitieron un comunicado oficial que disociaba a Powell de los esfuerzos de la campaña. Esto fue una noticia confusa para todos los espectadores, incluidos los que aún participan en la campaña de reelección de Trump.

Hay un problema aquí, y es más que las decenas de millones de dólares que los estadounidenses esperanzados han invertido en una lucha legal que sienten que es necesaria para asegurar el futuro de las elecciones en Estados Unidos.

El problema es que esta batalla es demasiado importante para ser enterrada por acusaciones erróneas o no comprobadas que en la mayoría de los casos no pasan de ser teorías de conspiración, demasiado importantes para dejarlas en manos de conspiradores.

El fraude electoral no es solo un problema real, es un problema realmente serio para el futuro del país. Basta con ver como otros países como Bielorusia, Bolivia, Venezuela, Nicaragua, Irán y tantos otros han caído en este flagelo que tiene como centro la mentira y en la mayoría de los casos, el robo de poder.

Los recientes informes en los medios de prensa han descubierto una tremenda y creciente desconfianza en los votantes.

No es simplemente la votación de los muertos, los votos de los vivos contando por los candidatos que no votaron así como los votantes que ni siquiera emitieron sus votos que fueron contados como votantes; es difícil también descifrar las boletas que llegan por correo y sobretodo las boletas que llegan después de los plazos legales. Es una restricción sistémica de supervisión y vigilancia; son los jueces que reescriben las leyes de votación legal en nombre de la histeria masiva del COVID-19.

Estos problemas son reales y merecen una atención real y profunda. El fraude socava la confianza y la fe mismas que sustentan la tradición de Estados Unidos de tener una transferencia pacífica del poder. Permitir que el fraude continúe sin consecuencias es una amenaza para esa paz.

Georgia tendrá una nueva elección senatorial en enero en la que se definirá control del Senado de Estados Unidos. En menos de dos años, todo el país se dirige a las elecciones que decidirán el control de ambas cámaras del Congreso. Más allá de eso, los estadounidenses seguirán votando elección tras elección.

¿Cómo se pueden tomar en serio estas competencias esenciales de autogobierno si los votantes están preocupados de que no pueden confiar en que se respeten las leyes, se exponga al fraude, se responsabilice a los delincuentes y se confíe en las elecciones?

Hay soluciones a corto plazo. Pero antes de todo esto, el equipo legal de Trump debe detener el teatro que ha montado en televisión y Twitter; y fingir que Powell nunca existió no va a ser suficiente.

Lo que queda es asegurarse de que nunca vuelvan a suceder en ningún lugar cercano a este nivel, y ese es un objetivo realista, pero no fácil. Requerirá tiempo, diligencia, coraje, imposición de las leyes, movimientos estratégicos y cuidadosos por parte de verdaderos profesionales. Habrá que volver a crear confianza en el sistema eleccionario norteamericano. Y, desafortunadamente, para la campaña presidencial para algunos robada, será necesario pasar a la siguiente.

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