Jorge Ponce

El 19 de abril de 2018 fue una fecha muy esperada en los anales de la historia de Cuba. En dicha fecha, un nuevo día en una era post-Castro iba a comenzar con la elevación de Miguel Díaz-Canel a la presidencia de Cuba. Mucha gente esperaba que este cambio de guardia traería cambios positivos a una población cubana que había soportado innumerables dificultades durante los regímenes de Fidel / Raúl Castro. Nada podría estar más lejos de la realidad.

Para empezar, Díaz-Canel ocupará una posición secundaria respecto de Raúl Castro, quien permanecerá como jefe del Partido Comunista, según la Constitución cubana, la «fuerza de la sociedad y el estado» más poderosa. Castro también sigue siendo comandante en funciones. -Chief de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Con el control del Partido Comunista y los militares, nada se promulgará sin la aprobación de Raúl Castro.

Es el Comité Central del Partido Comunista de Cuba el que emite todos los decretos relativos a todas las políticas del país, y que posteriormente son aprobados por una legislatura subordinada (Asamblea Nacional). La evidencia de esta sumisión fue el voto 603-1 para elegir a Díaz-Canel por miembros de la Asamblea Nacional.

Además, Díaz-Canel estará rodeado de otros miembros de la mafia de Castro que no solo lo mantendrán vigilado, sino que desbaratarán cualquier cambio que consideren desviado de la línea dura, la ortodoxia comunista.

El coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl, controla los servicios de inteligencia para el ejército y el Ministerio del Interior. Otra evidencia de la pertenencia de Alejandro al círculo íntimo de Raúl es el hecho de que participó en las negociaciones secretas entre los Estados Unidos y Cuba, a través del Vaticano, que condujeron a la apertura en 2014.

El general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, que solía estar casado con la hija de Raúl Castro, Deborah, es el presidente de Gaesa, un conglomerado que controla los intereses comerciales de los militares, desde hoteles hasta restaurantes.

Díaz-Canel prometió a la prensa en marzo de 2018 hacer que el gobierno cubano sea más receptivo con su pueblo. Pero, ¿cómo puede decir realmente lo que dijo cuando era el único candidato que el pueblo cubano recibió para suceder a Raúl Castro? El hecho de que no hubo candidatos opositores para la presidencia significa que los cubanos no tenían voz para elegir a un líder de su elección.

Y para abordar el desencanto actual que aflige a la generación más joven que está hambrienta de mejores condiciones económicas, Díaz-Canel afirmó que el nuevo período se guiaría por la «modernización del modelo económico y social». Sin embargo, casi al mismo tiempo, dijo que la transición no traería cambios radicales y juró que no habría un retorno al capitalismo.

Pero el regreso al capitalismo es el único cambio que cambiaría el malestar económico de Cuba. Es precisamente la economía planificada al estilo soviético de los últimos cincuenta y nueve años que ha generado un salario promedio de $ 30 por mes y que ha convertido a la isla caribeña en un país del tercer mundo.

Con toda la energía gastada en la cuidadosa mezcla de piezas de ajedrez por parte de Raúl Castro Mafia, algo podría extraviarse. Piensa por un momento en una situación de trabajo.
Si un solicitante desea ascender al tope de la escala de su carrera profesional, lo mejor es mantener un perfil bajo con respecto a su visión que se reserve mejor para cuando logre el objetivo final. Esta es exactamente la trayectoria que Díaz-Canel ha seguido.

Ahora que se ha convertido en el próximo presidente de Cuba, puede dar a conocer un plan de acción que desatará las energías adormecidas de una economía estancada y planificada centralmente y adoptará una economía de mercado que traerá riqueza y prosperidad a la mayoría de los cubanos. Se enfrentará a la dura oposición de los militares, sin duda, pero su arma mágica se convertiría en la generación joven desencantada que podría convocar a un paro nacional si no se cumplían sus exigencias.

Si, por otro lado, Díaz-Canel decide ser un testaferro leal, no mucho cambiará para los cubanos con su elección a la presidencia. Sin embargo, los funcionarios del gobierno cubano sin duda utilizarán esta hazaña como una táctica de propaganda para engañar a los que siempre están dispuestos a beber el Kool-Aid servido por los apparatchiks comunistas, que ha llegado un nuevo día para una Cuba mejor.

La mayoría de los cubanos estarían mejor atendidos al mirar al guitarrista estadounidense George Benson y exigir que los líderes mundiales y los medios de noticias falsos eliminen esta «mascarada» del cambio. La mayoría de los cubanos estarían de acuerdo con el ritual de la santería de lanzar humo de cigarro al aire como una metáfora del humo y los espejos en un Cuba AC (después de Castro).

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