Por Francisco Fernández Bernal

Crédito de imagen: Pexels

 

La relación de los jóvenes con los impuestos es, normalmente, inapreciable. Me refiero a que no son capaces de apreciar que existen y que les afectan. Normalmente no trabajan aún y no tienen más que los gastos habituales del ocio que consumen. Y además, reciben servicios de todo tipo (escolar, médico, de transportes, etc.) que ellos sienten como gratuitos, con lo que la sensación, y la realidad, es que salen ganando con el asunto.

Por tanto, los adolescentes tienen una percepción positiva de los impuestos, muy positiva. Están en la parte baja de la sociedad y se aprovechan de toda esta “solidaridad impuesta”.

Recientemente, una adolescente ha tenido un encontronazo que no olvidará nunca. Se ha topado con el brazo recaudador del Estado, el que no tiene misericordia, el que siempre reclama lo suyo.

Resulta que la chica había ganado un premio por su trabajo; por sus extraordinarias calificaciones, Inés ha conseguido que el gobierno de Galicia le otorgue nada menos que un premio extraordinario dotado con 750 euros.

Pero no todo iba a ser buenas noticias para ella. Ese premio tiene una retención tributaria del 19%, una mordida que no han tardado en reclamarle. Ha recibido una comunicación de esas que, solamente por recibirlas, hacen pasar un mal rato a cualquiera. Total, que a la chica le toca pagar 142 euros al fisco, vamos.

En la noticia que leí al respecto, se explicaba, además, que Inés no sabía que tenía que ajustar cuentas y su familia también lo desconocía. Para cuando se enteraron, ella ya se había comprado una flamante computadora portátil con el dinero recibido para utilizarla en el colegio, de modo que no tenía con qué hacer frente al pago de la “deuda” (¿les suena la situación?).

Y, claro, Inés se quejaba de estar viviendo una situación injusta, porque “el premio lo ha conseguido con su esfuerzo”. Asume que “su situación no va a cambiar”, aunque “su objetivo es que no le vuelva a pasar a otros jóvenes premiados como ella”.

No es habitual, pero ella se ha dado de bruces con la realidad a edad temprana. Y aunque no me alegro, en absoluto, espero que le sirva para empezar a desmenuzar el problema de la coacción impositiva y para plantearse la cuestión con una pizca de espíritu crítico.

Razón tiene al decir que es injusto que le roben dinero por algo que ha conseguido con su trabajo, con su esfuerzo. Como lo es cuando les quitan el dinero a todos los trabajadores, a todos los empresarios, a todo el mundo por lo que han conseguido trabajando. Y un objetivo loable es intentar que no le vuelva a pasar a otros jóvenes premiados como ella.

Pero, cuidado. Es peligroso pensar que solamente tienen que estar exentos de pagar los jóvenes o los jóvenes premiados. Porque eso significa que se piensa que lo suyo, su premio, su trabajo, su dinero, no merece ser expoliado, pero lo de los demás, sí.

Todo ese mamotreto es en lo que se basa el “Estado del Bienestar”. En que cada uno piense que lo suyo se lo merece, pero lo de los demás es expropiable. Y expropiable para que me llegue a mí, que sí me lo merezco. De esta forma, todos contribuyen con su ansia y con sus votos al expolio generalizado, no dándose cuenta de que ellos son los verdaderamente atracados.

Algunas veces se dan cuenta. Lástima que sea pocas veces y que, normalmente, dirijan sus iras hacia el sitio equivocado e invoquen, para corregir la situación, a un Estado aún más grande, más expoliador.

 

Este artículo fue publicado por Libertad.org el 10 de mayo de 2019. Reproducido en Political Hispanic con autorización de dicha fuente.
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