“No ignorar el problema y tomar la decisión de ayudar” puede ser la pieza clave en el combate de la indigencia en Estados Unidos, aconseja Jess Echeverry, una activista que sufrió en carne propia la falta de vivienda y lleva más de 20 años asistiendo a familias en riesgo en Los Ángeles.

Fundadora de SOFESA, una organización sin fines de lucro que desde 1999 socorre a personas en indigencia, Echeverry defiende que la solución al problema que aqueja al país y especialmente a California se encuentra en la misma comunidad.

“Cualquiera puede decidir ir a ayudar a alguien. Debemos deshacernos de este miedo que tenemos y dejar de creer que no somos capaces”, dijo a Efe la activista.

A sus 46 años, Echeverry habla de la indigencia desde su propia experiencia: víctima de abuso sexual, con un embarazo en la adolescencia y dos intentos de suicidio, terminó viviendo en las calles cuando aún no alcanzaba la adultez.

Conoce en carne propia lo que es la indiferencia de los otros, como la tabla de salvación que para los desamparados sin techo puede significar una mano generosa.

Echeverry, madre de cinco hijos, asegura que fue el respaldo de su esposo, Charlie Echeverry, el que le permitió salir del torbellino en el que se encontraba y por eso insiste en la necesidad de un cambio de actitud ante los desamparados.

“Con tan solo preguntarle ¿Puedo ayudarte con algo ahora?, ¿Hay algo que pueda comprarte? Es literalmente así de fácil”, consideró la activista.

La falta de vivienda en Los Ángeles se ha convertido en uno de los principales problemas tanto de la ciudad como del condado, al punto que el presidente Donald Trump ha dicho que intervendrá para solucionarlo.

Según un conteo hecho el año pasado en el área metropolitana de Los Ángeles, el número de personas que duermen en las calles aumentó el 12 % respecto a 2018 al sumar 58.936 desamparados, más que los 52.765 del año anterior.

De acuerdo a este estudio, los hispanos conforman el 35 % de las personas sin hogar en el Condado de Los Ángeles.

Pero el problema, acuciado por la escasez de vivienda asequible, es extensivo a todo California, donde se estima que cerca de 130.000 personas no tienen casa, de acuerdo con el gubernamental Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD).

Quizás por la desesperación ante un problema urgente, las autoridades sugieren propuestas que suscitan la polémica, como cuando la semana pasada Robert Rickman, alcalde de Tracy, una ciudad al norte de este estado, propuso usar 50.000 dólares para alquilar un bus y llevar a los indigentes de la ciudad a Stockton, una zona vecina donde se acababa de construir un refugio.

En su cuenta de Twitter, el alcalde de esa localidad, Michael Tubbs, calificó la propuesta de reprensible, patética, y que “simplemente no iba a tolerarlo”.

Frente a las crecientes actitudes de rechazo a los desamparados, Echeverry lamentó la mala imagen que se ha creado alrededor de las personas que viven en la calle y que no dejan ver la realidad del problema.

“Los indigentes son seres humanos. Alguien que está viviendo en la acera de una calle es porque algo terrible le pasó, y no ha encontrado como sostener su nivel básico, como tener un techo, comida, trabajo”, recalcó la activista.

Echeverry, que se ha convertido en una voz por la dignidad de la vida de la Arquidiócesis de Los Ángeles, dijo que a través de su propia historia como por su labor con los desamparados ha comprobado que el abuso sexual y físico son parte de los problemas que han enfrentado una gran parte de las personas que viven en la calle.

“Diría que el 99% de las familias de las mujeres y los hombres con los que nos encontramos han sufrido abuso sexual de una forma u otra”, explicó, para luego asegurar que las “heridas abiertas” de estos abusos se convierten en una barrera para que los indigentes puedan hallar una salida.

Mientras California espera gastar en el año 2021 más de 1.000 millones de dólares en fondos de respuesta para personas sin hogar, incluidos 750 millones para vivienda asequible y servicios médicos para quienes viven en las calles, Echeverry conmina a la comunidad a hacer parte de la solución.

“No debemos tener miedo de preguntar qué es lo correcto y lo bueno, debemos preguntarnos que es lo que estás haciendo tu para ayudar a resolver el problema”, indicó la mujer, que el próximo otoño tiene previsto presentar su primer libro, titulado “Deslumbrado”, que detalla sus experiencias de vida.

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