William José Arias Sierra llegó a Estados Unidos con la esperanza de rehacer su vida tras huir de la violencia de su país y al cabo de unos años cumplió su sueño al convertirse en un exitoso emprendedor, pero una infracción de tránsito le trastornó sus planes y acabó en una cárcel de inmigración, donde ahora teme por su vida.

El hondureño de 25 años se encuentra detenido desde hace dos meses en el Centro de Detención de Stewart, una de las mayores prisiones para indocumentados del país, localizada en una remota zona del sur de Georgia, y desde hace algunas semanas sufre los síntomas del COVID-19, según relató a Efe su madre, Mayra Sierra.

A pesar de su condición, Sierra asegura que su hijo no ha recibido la atención médica adecuada y que no se le ha hecho la prueba para confirmar si se contagió del coronavirus, una enfermedad que afecta a por lo menos 16 reclusos de ese centro, según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y a más de 40 empleados de CoreCivic, la empresa que opera la prisión.

“William tenía los síntomas del coronavirus, con fiebre, tos, escalofríos y dolor de cuerpo, y hasta a los cuatro días que dijo que estaba mal lo llevaron a enfermería y le dieron solo unas pastillas para la fiebre. No le hicieron el examen, no le hicieron nada. Está desesperado, porque lo le hacen caso”, dijo la madre, que vive en Carolina del Norte.

El joven tiene familia en Georgia, donde vivía con su pareja, una ciudadana estadounidense, y su bebé de 15 meses, y es propietario de una empresa que se dedica a la instalación de techos en varios estados, un sueño que hizo realidad luego de que su padre lo trajera a Estados Unidos en 2011 porque temía que lo mataran en Honduras, según contó su madre.

Arias Sierra fue agredido en un intento de asalto en Georgia, por lo que había solicitado la Visa U, la cual se concede a víctimas que colaboran con la Policía, pero igualmente fue arrestado y entregado a ICE.

Sierra dijo que su hijo acabó en Stewart porque desconocía que tenía una orden judicial para presentarse en una corte por manejar sin licencia. Fue detenido en Carolina del Norte, donde hacía unos trabajos, después de que la policía detuviera el vehículo en el que viajaba, presuntamente por exceso de velocidad.

“Una persona así, que es trabajadora no tienen que retenerla ahí y, además, con lo que tiene mi hijo. Me dice que ahí en Stewart no los protegen, que no hay jabón para lavarse las manos, que no tienen buenas condiciones y que la gente no quiere hablar porque tienen miedo de que la vayan a castigar”, dijo la madre, que imploró a las autoridades migratorias para que lo liberen lo más pronto posible.

Al igual que Arias Sierra, la desesperación y el temor se ha apoderado de los cientos de indocumentados que se encuentran confinados en Stewart, según denuncian activistas y organizaciones, que también piden a ICE que los libere al no representar ningún riesgo para la sociedad pues en la mayoría de los casos su única falta ha sido carecer de papeles para vivir legalmente en el país.

“La situación para los detenidos es cada día más difícil y complicada. Aunque ICE y CoreCivic han tomando algunas medidas para mitigar los riesgos de contagio, sabemos que no son lo suficientes porque escuchamos constantemente de las familias de los detenidos que no han recibido atención médica necesaria y están enfermos”, declaró a Efe Amílcar Valencia, director de El Refugio.

Valencia, que dirige ese centro que brinda ayuda a las familias de inmigrantes detenidos en Stewart y que también forma parte Georgia Detention Watch, dijo que también se han registrado protestas pacíficas en la prisión y algunas confrontaciones en las que un grupo especial llamado SORT ha respondido con fuerza.

“Ellos vienen y atacan a la gente, no escuchan las demandas. Es un grupo uniformado como un ‘SWAT team’. Es básicamente una fuerza paramilitar en un centro de detención”, sostuvo.

Tanto ICE como CoreCivic han rechazado las denuncias de los familiares de los presos y activistas, y afirman que están tomando todas las medidas posibles para garantizar la seguridad de los reclusos.

“Las afirmaciones son infundadas y están siendo compartidas por personas que no han estado dentro del Centro de Detención de Stewart desde que comenzó esta pandemia”, declaró a Efe Ryan Gustin, un portavoz de CoreCivic.

Para llamar la atención sobre lo que está ocurriendo en las prisiones de ICE, activistas en Atlanta organizaron el viernes una caravana de autos que partió desde Dunwoody, en el norte de la zona metropolitana, hacia al Centro de Detención de Irwin, en Ocilla, en el sur de Georgia.

“Estamos pidiendo la liberación de las personas de Irwin y de todos los centros de inmigración”, declaró a Efe Sebastián Saavedra, de la Alianza Latina Pro Derechos Humanos de Georgia (GLAHR), una de las organizaciones que participó en la movilización.

De acuerdo con ICE, hasta el pasado viernes se habían confirmado 986 casos de COVID-19 entre los 27.908 detenidos en todas los centros de detención del país, tras realizarse un total de 2.045 pruebas.

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