Es hora de abandonar la Unesco (otra vez)

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Es hora de abandonar la Unesco (otra vez)

Por Guy Millière 

El pasado 11 de abril, el Consejo Ejecutivo de la Unesco adoptó una resolución denominada Palestina Ocupada. El título deja claro enseguida que es un documento sesgado. No es una sorpresa. Todos los textos adoptados por la Unesco en relación con Oriente Medio son sesgados.

Aun así, quienes lo hayan leído con atención observarán que esta vez han ido un poco más lejos.

La resolución de la Unesco no solo es sesgada: es negacionista. Elimina de un plumazo cualquier rastro de la presencia judía en Jerusalén y Judea en la antigüedad. El Monte del Templo jamás se menciona. Sólo aparece con el nombre de Mezquita de Al Aqsa (Haram al Sharif). La denominación “Muro Occidental” aparece entrecomillada, para indicar que no es válida: la de Muro de Buraq se utiliza sin comillas. Las tumbas de los cementerios judíos se describen como “falsas tumbas judías”.

Es una resolución radicalmente antisemita: niega los hechos históricos, afirma que no existe lo que existe y presenta la historia del judaísmo y de los judíos como mentiras. La mentira está en acusar a los judíos de “colocar tumbas judías falsas”. Se quiere decir que el judaísmo es una farsa y que los judíos son unos mentirosos y falsificadores.

El documento es absolutamente antihistórico, refractario a los hechos y antisionista; de manera inequívoca, trata de probar que Israel se fundó sobre una impostura y que no hay razón para que exista. El documento describe constantemente a Israel como la “potencia ocupante” y lo presenta como un país predador y arbitrario.

Votar a favor de dicho texto significa suscribir el negacionismo histórico, el antisemitismo radical y un antisionismo absoluto. Los representantes de seis países occidentales –Estados Unidos, Estonia, Alemania, Lituania, Países Bajos y Reino Unido–, descifrando correctamente el significado de la resolución y sus implicaciones, votaron en contra. Los representantes de otros países occidentales –Francia, España, Suecia y Eslovenia– aceptaron el texto y votaron a favor.

La resolución fue presentada con el apoyo de varios países musulmanes, algunos de ellos definidos como moderados: Egipto, Túnez y Marruecos.

El texto fue redactado por expertos de la Autoridad Palestina. Desde 2011, la AP es miembro de la Unesco con la denominación de “Estado de Palestina”.

El Gobierno israelí manifestó inmediatamente su indignación. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, dijo que “nadie, y menos una organización que se encarga de preservar la historia, puede negar un vínculo que abarca miles de años”. Por su parte, Stand With Us y el International Legal Forum difundieron una petición en la que se exigía a la Unesco que cambiara de actitud y se mantuviera “fiel a sus principios fundadores”.

El enfado del Gobierno de Israel y la indignación de los otros es legítima. La petición está plenamente justificada. Sin embargo, es inútil esperar que la Unesco cambie de actitud. Esperar que se mantenga fiel a sus principios fundadores es esperar algo que no va a suceder. Hace mucho que la Unesco los abandonó.

La Unesco es una entidad de la ONU, y la ONU es una organización donde las democracias están en minoría, rodeadas por una inmensa mayoría de dictaduras y regímenes autoritarios imbuidos de odio hacia Occidente. Israel es prácticamente el único país considerado culpable de violar los derechos humanos por el llamado Consejo de Derechos Humanos, en el que el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad fue recibido como un héroe en 2009.

En octubre de 2015, la Unesco ya había emprendido el camino que sigue hoy. Catalogó la Tumba de Raquel como la Mezquita de Bilal ben Rabah y la Tumba de los Patriarcas como la Mezquita de Ibrahim y los declaró “lugares palestinos”.

Lo preocupante es que solo seis países occidentales estuvieran dispuestos a rechazar una resolución absolutamente ponzoñosa y fraudulenta.

Los países occidentales que votaron a favor de la resolución aprueban obviamente sus contenidos. Estos países han perdido toda legitimidad para afirmar que quieren la paz en Oriente Medio. Al aprobar la resolución, han demostrado que están en guerra contra el judaísmo, los judíos e Israel. Uno de ellos, Francia, dice que celebrará una cumbre para reavivar el “proceso de paz”. En este contexto, es una propuesta grotesca.

El hecho de que un grupo de países musulmanes, a menudo descritos como moderados, apoyara la resolución solo puede conducir a una pregunta: ¿cómo puede un país que respalda dicho documento ser descrito como moderado?

Que expertos de la Autoridad Palestina hayan escrito dicha resolución debería bastar para demostrar que la AP no es moderada. Es evidente que no tiene ninguna intención de crear un Estado junto a Israel. Como suelen admitir abiertamente sus líderes, su plan es que Israel sea demonizado, destruido y sustituido.

El problema de fondo es que este negacionismo, antisemitismo y antisionismo están profundamente arraigados tanto en Europa como en el islam.

El Corán dice que los judíos y los cristianos (“cruzados”) han falsificado sus libros sagrados y que la historia del judaísmo y del pueblo judío es falsa. La tradición musulmana dice que Mahoma ascendió al cielo desde Al Aqsa, y que el Muro de Al Buraq es el muro donde amarró a la criatura alada en la que voló al cielo. No hay sitio para el Monte del Templo o el Muro Occidental, aunque llevaran allí, con incontables artefactos arqueológicos, más de mil años antes de que naciera Mahoma.

La tradición musulmana también dice que los judíos, como no creyentes, están condenados al humillante status de dhimmíes, y que todos los territorios conquistados por el islam tienen que seguir siendo musulmanes para siempre. La tradición musulmana no puede aceptar un país gobernado por judíos o cristianos en un territorio que una vez fuera conquistado por el islam, sea Israel, antiguamente parte del imperio otomano, o grandes franjas de Portugal y España.

La resolución adoptada el 11 de abril por el Consejo Ejecutivo de la Unesco es islámicamente correcta. Los países musulmanes moderados no pueden contradecir al Corán y la tradición musulmana sin arriesgarse a ser acusados de irtidad (apostasía). Los expertos de la Autoridad Palestina se mantienen fieles al Corán y a la tradición musulmana. 
Los países occidentales que aprobaron la resolución demostraron su dhimmitud y su sumisión a la corrección islámica. Los dhimmíes, en la historia islámica, son ciudadanos de segunda clase, apenas tolerados, sometidos a leyes especiales que les recuerdan su inferioridad, así como a un impuesto, la yizia, con el que comprar la protección de sus vidas y haciendas.

Los países que rechazaron la resolución podrían considerarse insubordinados.

No basta con rechazar esa resolución. Es hora de pedir al mundo musulmán que deje atrás su pesada carga de tradiciones tóxicas, sus chantajes y la violencia.

Es hora de hacer algo más.

En 1984, bajo la presidencia de Ronald Reagan, Estados Unidos abandonó la Unesco porque ésta era claramente servil a la Unión Soviética y servía intereses contrarios a la libertad y a los valores occidentales.

Estados Unidos volvió a la Unesco en 2003. En 2011, cuando la Autoridad Palestina fue admitida en la Unesco, EEUU congeló su aportación económica.

Estados Unidos tiene que volver a abandonar la Unesco. Urgentemente. La Unesco es servil a la corrección islámica y sirve a intereses contrarios a la libertad y a los valores occidentales. Hace ochenta años, el negacionismo y el antisemitismo condujeron al Holocausto. Es hora de decir “basta”.

© Versión original (inglés): Gatestone Institute

Esta columna fue publicada originalmente en revista el medio mayo de 2016. Reproducida en Político  Hispano con autorización explícita de dicha fuente

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