Black Lives Matter es un movimiento internacional originado dentro de la comunidad afroamericana. Comenzó en 2013 con el uso del hashtag #BlackLivesMatter en las redes sociales, después de la absolución de George Zimmerman por la muerte del adolescente afroamericano Trayvon Martin a causa de un disparo.
Sin embargo, la muerte de George Floyd en Minneapolis en manos de policías blancos volvió a dejar expuesto un tema que aún en 2020 no deja de horrorizarnos.

No sólo en Minneapolis la policía usa la fuerza en contra de hombres y mujeres negras, sino también en gran parte del país. Lo que sucedió con Floyd, un horrible acontecimiento que realizado en la vía pública volvió a dejar expuesto el consentimiento del Estado en avalar el racismo desde hace siglos.

Entre 1896 y 1954, más de 4.000 afroamericanos fueron víctimas de linchamientos. A lo largo de la historia de los Estados Unidos, la policía ha asumido el rol de juez, jurado y verdugo.

La lista de todos los hombres y mujeres negros que murieron en manos de la fuerza policial (y en definitiva, en manos del Estado) es inmensa.
Desde la colonización, en el que el sistema de castas y segregación racial era la base de la sociedad, la economía y la política, hasta el siglo XXI, los afroamericanos viven con el miedo a no volver a su hogar.

Entonces, hay un racismo estructural que funciona 24/7 y que ningún Estado se atreve a cambiar realmente. A pesar de que Estados Unidos es el epicentro de los avances, con tecnología avanzada en cuestiones de vigilancia y seguridad (una especie de Gran Hermano de Orson Welles), hay una pobreza y precariedad que contrasta terriblemente.

Además, en las últimas manifestaciones se puso en evidencia otra mala gestión de las ciudades norteamericanas. En la mayoría, se destina el presupuesto a los establecimientos carcelarios, que consumen un gran porcentaje de los ingresos, lo que provoca que haya menos dinero para cuestiones sociales, como la asistencia en los barrios más pobres, muchos de ellos con gran cantidad de afroamericanos, descuidados e ignorados por el Estado.

Lo que sucedió con la muerte de George Floyd dejó varias cosas a analizar, por un lado, la fuerza de unidad de las comunidades enteras que salieron a manifestarse. Sobre todo, en un contexto como el actual marcado por el COVID-19, que está dejando un saldo espantoso de muertes en Estados Unidos.

Por otro, también dejó grabada la inoperancia de la fuerza policial, que en muchos casos utilizó métodos de represión extremos y excesivos para atacar a los manifestantes y medios de comunicación.

Pero también, dejó entrever un rayo de luz, de esperanza y de cambio. Algunos medios de comunicación mostraron a policías arrodillados con los manifestantes, lo que constituyó un gran espectáculo de unidad y avance.

Lo que todo esto me deja pensando es… ¿cuántas muertes más van a ser necesarias para que el país cambie?
¿Cuántos George Floyd hacen falta para que el Estado tome realmente cartas en el asunto para lograr una sociedad en la que los derechos de todos sean respetados y en la que se juzgue y condene a los asesinos?

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