Por Clifford D. May

Crédito de imagen: Wikimedia Commons

 

Soy muy escrupuloso con la soberanía. Las naciones soberanas tienen fronteras y sus líderes deciden quién puede cruzarlas. Excluir a individuos que son hostiles, incluso simplemente cuestionables, es una práctica común. Entre los que no han tenido permitida la entrada a Estados Unidos se encuentran Michael ben Ari, diputado israelí de extrema derecha, y Narendra Modi, acusado de haber hecho muy poco por impedir las revueltas antimusulmanas de 2002 y ahora primer ministro de la India.

Salvo que se les aplique otra norma distinta y discriminatoria, los líderes de Israel deben disfrutar del mismo derecho, y lo acaban de ejercer al negarse a dar la bienvenida a su país aIlhan Omar y Rashida Tlaib.

El discurso que predomina en los medios es que Benjamín Netanyahu excluyó a las dos congresistas ultraizquierdistas por deferencia hacia el presidente Trump, que había tuiteado que ambas “odian a Israel y a todo el pueblo judío, y nada se puede decir o hacer para hacerles cambiar de opinión”.

Quizá eso influyó en el razonamiento del primer ministro israelí, pero sin duda también intervinieron otros factores. Quisiera mencionar algunos.

El líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Steny Hoyer, invitó a las congresistas Omar y Tlaib a sumarse a una delegación bipartisana que iba a visitar Israel y la Margen Occidental a principios de mes. Pero ellas prefirieron no hacerlo.

Por otro lado, el Gobierno israelí accedió a conceder a la diputada Tlaib permiso para ingresar a la Margen Occidental a fin de que pudiera visitar a unos parientes, pidiéndole simplemente que no aprovechara la ocasión para promover boicots contra Israel. Ella no aceptó el trato.

El itinerario de su viaje se titulaba “Delegación a Palestina”. Me parece que eso es borrar a Israel del mapa. Cuando aterrizaran en el Aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, ¿dónde creen que estarían?

Omar y Tlaib tenían planeado reunirse con individuos y organizaciones vinculados directamente al terrorismo y el antisemitismo. Por ejemplo, con Shawán Yabarín, identificado por la Corte Suprema de Israel como miembro destacado del Frente Popular para la Liberación de Palestina, organización marxista-leninista responsable de secuestros de aviones y atentados suicidas y designada entidad terrorista por Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y la Unión Europea.

De organizar la visita se ocupaba Miftah, organización que en 2013 publicó un artículo que decía que los judíos utilizaban sangre cristiana para sus matzos de Pascua, libelo tan antiguo como repugnante. Miftah también publicó “un tratado neonazi estadounidense” titulado Quién manda en Estados Unidos: hay que acabar con el control foráneo de nuestros medios de información y entretenimiento. Al parecer, para las señoras Tlaib y Omar el supremacismo blanco que defiende el odio a los judíos no es inmoral.

Reflexionemos sobre esta hipocresía: mientras que Tlaib y Omar apoyan los boicots contra Israel, se muestran indignadas por que los israelíes decidan boicotearlas.

De manera más específica, apoyan el BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones). Considerando que el eslogan nazi de la década de 1930 era “No compres a los judíos”, ¿a quién sorprende que los israelíes vean una semejanza en el eslogan del BDS “No compres al Estado judío”?

Bill Maher ha dicho del BDS que es “un test para medir la pureza de las mentiras que cuenta gente que quiere parecer despierta pero que en realidad se durmió en la clase de Historia”. En un despliegue aún mayor de hipocresía, Tlaib respondió pidiendo el boicot a su programa de televisión.

El objetivo de BDS, como afirmó su fundador y líder, Omar Barguti, es el exterminio de Israel. “Sin duda, sin ninguna duda, nos oponemos a un Estado judío en cualquier parte de Palestina”, ha proclamado en un vídeo. “Ningún palestino, ningún palestino sensato, no un palestino vendido, aceptará jamás un Estado judío en Palestina”.

Algunos defensores del BDS aducen que sólo quieren que los israelíes se retiren de los “territorios ocupados”. Pero después de que los israelíes se retiraran de Gaza –que habían capturado de Egipto, no de los palestinos, en su guerra defensiva de 1967–, Hamás se hizo allí con el poder y empezó a atacar a los israelíes con misiles, túneles terroristas y cometas incendiarias. Hamás es sincera sobre sus intenciones para con los israelíes: son unas intenciones genocidas.

Si Israel se retirara de la Margen Occidental sin unas garantías de paz y seguridad, es casi seguro que Hamás se haría con el poder y lanzaría más ataques. Los israelíes responderían. Morirían tanto judíos como palestinos. A los defensores del BDS como las congresistas Tlaib y Omar no parece preocuparles tal posibilidad.

Esto tampoco debería pasarse por alto: en Siria ha muerto medio millón de personas, y millones se han quedado sin hogar por culpa de una guerra que aún no ha concluido. El Sinaí está ocupado por terroristas islamistas que han puesto en la mira al Gobierno de Egipto. Yemen es un caos devastado por la guerra. El sufrimiento de la población de la Margen Occidental es objetivamente menos grave, y se podría mitigar de manera considerable si sus gobernantes aceptaran convivir pacíficamente con Israel.

Por todo ello, me preguntó si Netanyahu habría sido capaz de vencer la campaña de difamación y deslegitimación que Omar y Tlaib pensaban llevar a cabo. ¿Y si les hubiese asignado un servicio de seguridad compuesto por israelíes cuyos padres hubiesen sido rescatados de Etiopía y Sudán? (Si no conocen la heroica historia de la liberación de los judíos negros de África, vean Rescate en el Mar Rojo, disponible en Netflix). ¿Y si les hubiese sugerido que visitaran Sderot, una de las localidades próximas a Gaza donde hay refugios contra bombardeos en todos los parques infantiles? ¿Y si las hubiese invitado a reunirse con destacados ciudadanos israelíes, incluidos judíos, árabes, musulmanes, cristianos y drusos? ¿Acaso las congresistas niegan que las minorías de Israel tienen derechos que se no tienen siquiera las mayorías en los países árabes y musulmanes de Oriente Medio?

¿Habría eso hecho menos daño a Israel en términos de imagen que el que Tlaib y Omar han podido infligir en los últimos días? No lo sé. Los israelíes nunca han manejado bien las relaciones públicas. Lo que los israelíes y la nación judía han demostrado es un gran talento para sobrevivir, incluso prosperar, a pesar del odio y la violencia que tantos enemigos les han dirigido durante tantos siglos.

 

 

Este artículo fue publicado por El Medio el 27 de agosto de 2019. Reproducido en Political Hispanic con autorización de dicha fuente.
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