El coronavirus puede salvar reelección de Trump

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Por Santiago D. Távara

La tendencia parece ser que los votantes no suelen cambiar de capitán en tiempos de crisis, como ocurrió con la reelección del presidente George W. Bush en 2004 en medio de su desastrosa decisión de invadir Irak. La pandemia del coronavirus, que no fue inventada por Donald Trump, le puede servir como su tabla de salvación en la búsqueda de du reelección en noviembre.

Tras el intento frustrado de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes de destituir a Trump por solicitar injerencia extranjera a cambio beneficios políticos, el polémico presidente tiene la ventaja de usar el “poder del podio” para impulsar políticas que frenen la expansión del COVID-19 y también medidas en el Congreso para inyectar fondos a una economía en recesión.

El desafío mayor de Trump no es ahora una figura política como su rival Hillary Clinton en las pasadas elecciones de 2016 ni mucho menos Rusia a la que sus detractores vinculan con interferir en los comicios. El enemigo ahora es invisible, el coronavirus, que ha puesto de rodillas a grandes economías como China, Corea del Sur e Italia y que ahora amenaza a Estados Unidos.

Los opositores de Trump están presionando al ex vicepresidente Joseph Biden, favorito para lograr la candidatura del Partido Demócrata a la Casa Blanca y destronar a Trump, para que sea más efectivo en sus mensajes frente a la pandemia. Biden se ha limitado recientemente a enviar un mensaje por video y cancelar sus presentaciones públicas por prevención.

Con su discurso frontal, Trump corre el riesgo de generar polémica, ya sea por su anuncio de un medicamento cloroquina para combatir el COVID-19, sin ofrecer las pruebas necesarias ni un abastecimiento, o su insistencia de denominar “virus chino” al coronavirus, que ha generado preocupaciones por xenofobia en el país.

Esas actitudes han alimentado rumores por parte de grupos ultraconservadores de una conspiración de que el virus fue “inventado” por China para debilitar a Estados Unidos, y la respuesta del gigante asiático ha sido acusar a Washington de haberlo creado.

La realidad es que ahora China se muestra como un líder global que va a “ayudar” a Italia, una potencia económica aliada de Estados Unidos, a combatir la pandemia que ha arrasado con su población. Trump trató de refirmar la presencia global de Estados Unidos como la primera potencia mundial al ofrecer asistencia a la comunista Corea del Norte, aliado estratégico de China.

Al rodearse primero de empresarios y luego de la comunidad científica, Trump ha intentado mostrarse como un estadista en control de la situación, aunque al igual que los líderes de otros países, enfrenta duras críticas por falta de acciones concretas para impedir el avance de la pandemia que ha ubicado a Estados Unidos en el tercer lugar de los países afectados.

El mismo mandatario se ha sometido a la prueba por estar expuesto en Florida a un funcionario del presidente brasileño Jair Bolsonaro que dio positivo al coronavirus. Del susto tampoco se ha librado su vicepresidente Mike Pence, quien también se hizo una prueba porque un miembro de su personal dio positivo al legal y agresivo virus, para el cual aun no se ha encontrado una cura.

Trump, que ha confesado su fobia a los gérmenes que incluso lo ha llevado a usar gel anti-bacterial luego  dar la mano y mirar con dureza a quien tose o estornuda en su delante, puede lograr su reelección si controla a tiempo el coronavirus a pesar de que en general parece que prefiere solo lavarse las manos y culpar a otros.

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