Conflictivas elecciones en la OEA

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La Organización de Estados Americanos (OEA) fundada en 1948 es un organismo que siempre ha trabajado por el bien de las democracias latinoamericanas. Esa es la visión que el mundo y sobretodo los propios latinoamericanos tienen sobre el organismo a pesar de que en los últimos años ha sido varias veces cuestionado por muchos que la acusan de ser una marioneta de los Estados Unidos, una burocracia irrelevante y hasta un organismo polarizado.

Lo cierto es que la OEA hoy trabaja para una región dividida debido a la implosión de la feroz dictadura en Venezuela.

Algunos de los estados miembros han elogiado la dura postura del Secretario General Luis Almagro hacia la dictadura de Nicolás Maduro pero otros lo atacan por lo que consideran un desperdicio del activo más rico de la OEA: su capacidad de ser un moderador imparcial.

Se teme que el enfoque en Venezuela haya desviado la atención de la organización de otras prioridades. Lo cierto es que Almagro ha logrado despertar a la OEA de un sueño burocrático. El trabajo de Luis Almagro al frente del organismo en estos pasados años será juzgado el 20 de marzo, cuando la OEA elija a su próximo secretario general.

Aunque inicialmente prometió no postularse para un segundo mandato, Almagro decidió buscar la reelección. Dos candidatos se opondrán a él. La primera es María Fernanda Espinosa, ex ministra de Relaciones Exteriores y Defensa de Ecuador que se desempeñó como presidenta de la Asamblea General de la ONU hasta septiembre de 2019. Espinosa fue nominada para el cargo por San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda. A pesar de su nacionalidad ecuatoriana, el presidente de su país, Lenín Moreno prometió su apoyo a la reelección de Almagro.

El segundo es el embajador de Perú en los Estados Unidos, Hugo de Zela, quien conoce bien a la OEA después de cumplir un total de 16 años durante dos períodos como jefe de gabinete de la organización y uno como representante permanente de Perú.

Lo cierto es que la imagen de Almagro divide pero son muy pocos los que votaran en su contra ya que la razón por la que divide es porque supo manejar de forma directa y hasta personal su relación con Venezuela y en especial con el dictador Maduro.

Muchos pensamos que Maduro debe de soñar con Almagro ya que le ha hecho la vida imposible a nivel internacional y siempre ha sido el primero en denunciar los actos de vandalismo político y humano que el dictador venezolano ha llevado a cabo a través de los años.

A primera vista, Almagro parece tener las credenciales para liderar de manera equitativa la siempre problemática OEA. A pesar de provenir de raíces conservadoras en Uruguay, el abogado y diplomático de muchos años se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores en el reconocido gobierno de izquierda de José Mujica. Pero desde que ocupó el cargo de secretario general, Almagro ha llevado a la organización en una dirección radicalmente hacia la derecha.

Ciertamente, los gobiernos izquierdistas en Venezuela, Nicaragua y, hasta hace poco, Bolivia, no deberían ser inmunes a los diversos grados de crítica por las maniobras antidemocráticas para mantenerse en el poder. De estos, irónicamente, el gobierno nicaragüense de Daniel Ortega escapó de la peor condena de la OEA a pesar de su brutalidad en la represión de la oposición: más de 300 manifestantes asesinados en las protestas de 2018-19 contra la reforma de pensiones neoliberales. Almagro pidió con moderación el “diálogo constructivo para una solución sostenible”.

Lo cierto es que Estados Unidos así como también Uruguay, el país de origen de Almagro y varios otros países de América Latina apoyan su reelección y lo más probable es que sea reelecto.

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