Protestas en la calle y un boicot del jefe policial de Chicago esperan mañana lunes al presidente Donald Trump, en su primera visita oficial a esta ciudad que lo declaró “persona no grata” por sus críticas al manejo local de la violencia y a la protección que brinda a indocumentados.

Trump tiene previsto hablar en la Conferencia de la Asociación Internacional de Jefes de Policía, pero el superintendente de Policía de Chicago, Eddie Johnson, adelantó que boicoteará el discurso, retirándose de la sala.

“Los valores de la gente de Chicago son más importantes que cualquier cosa que el presidente pueda decir en su discurso”, aseguró el afroamericano Johnson, el anfitrión del encuentro.

Desde antes de asumir la presidencia, Trump ha criticado los altos índices de criminalidad de Chicago y a sus autoridades, que en su opinión no hacen lo suficiente para poner fin a los tiroteos entre pandilleros y homicidios.

“Chicago es más peligrosa que Afganistán, y eso se debe a la ineficiencia de sus políticos, que son demócratas”, afirmó recientemente el republicano Trump, reproches constantes que evidencian su mala relación con la tercera ciudad más populosa de Estados Unidos, con 2,7 millones de habitantes.

En más de una oportunidad, el presidente amenazó con enviar a “los federales”, o la Guardia Nacional, si Chicago no ponía fin a “la carnicería”, enfrentándose a las autoridades locales y al Concejo Municipal que lo declaró “persona no grata” en 2017 y retiró su nombre de una calle.

Chicago, además de ser un baluarte demócrata que le dio el 84 % de los votos a Hillary Clinton frente a su contendiente, Trump, ha encabezado con éxito una serie de recursos legales que bloquearon en las cortes varias de las medidas antiinmigrantes del presidente.

Entre ellas, una que busca castigar las llamadas ciudades “santuario”, que protegen a los indocumentados al no aplicar medidas migratorias federales que no son de obligatorio cumplimiento.

Además, esta ciudad, donde el expresidente Barack Obama comenzó en 1997 su carrera política como senador estatal y luego federal por Illinois, acoge al demócrata como un brillante estadista y será sede en el futuro de una biblioteca y un museo para preservar su legado.

“Todo lo que se refiere a Obama es radioactivo para Trump”, declaró al diario Chicago Tribune el politólogo Christopher Mooney, de la Universidad de Illinois en Chicago.

En su opinión, por esa razón la ciudad se ha convertido en el “saco de golpes” de Trump.
Antes de hablar en la conferencia policial que se realiza en el Centro de Convenciones McCormick Place, Trump será el anfitrión de un almuerzo de recaudación de fondos organizado por el Comité Republicano de Reelección, en la Torre Trump de 98 pisos, construida junto al río Chicago.

Este será el primer lugar de concentración de los grupos que se han organizado para protestar por la presencia del magnate inmobiliario en la ciudad, bajo la consigna “Trump, fuera de nuestra ciudad”.

La Policía de Chicago desplegará 1.800 efectivos extras en las tareas de seguridad, que serán coordinadas por el Servicio Secreto de Estados Unidos.

Se estima que los manifestantes serán mantenidos a distancia, tanto en la Torre Trump como en el Centro de Convenciones, pero el Departamento de Policía informó que podrán expresar sus opiniones “de manera responsable y dentro de los límites de la ley”.

Las autoridades buscarán evitar el clima violento vivido en Chicago en marzo de 2016, cuando fue necesario cancelar por razones de seguridad una aparición del entonces candidato Trump en un estadio deportivo, que fue rodeado de miles de manifestantes enojados por su presencia.

Después de ese incidente, que dejó a Trump sin la oportunidad de hablar a sus seguidores, el magnate evitó Chicago las dos veces que regresó al estado de Illinois, para eventos de recaudación de fondos del Comité Nacional Republicano.

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